Cannabis Indica
por Timothy F. Allen — Enciclopedia de la Materia Médica Pura
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Emocional.
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Excitación, 23.
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Muy excitado; comenzó a bailar por la habitación; reía con frecuencia; decía disparates, pero no podía detenerse sin un esfuerzo de la voluntad, que no se preocupaba de hacer, 8.
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Fácilmente excitado e irritable, por la tarde, 1.
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Grita, salta en el aire y bate palmas de alegría, 17.
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Canta e improvisa tanto las palabras como la música, 17.
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Al recobrar la conciencia, se encuentra bailando, riendo y cantando ante un espejo, 1.
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Habla incoherente, 1.
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Tendencia a la blasfemia, 1.
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De vez en cuando habla en voz alta de manera incontrolable, y luego se corrige (después de tres horas), 5. [10.]
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Mientras visitaba pacientes, tenía gran dificultad para abstenerse de decir o hacer cosas insólitas, 5.
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Tenía la sensación clara de que debía mantenerse sobrio hasta llegar a la cama; de otro modo podría hacer alguna tontería, 8.
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Acentúa la última sílaba en todas sus palabras y ríe desmesuradamente, 1.
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Rapidez de ideas y sensaciones agradables, 30.
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Sucesión constante de ideas nuevas, cada una de las cuales era olvidada casi instantáneamente, 33.
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Sucesión rápida de ideas inconexas, e imposibilidad de seguir un curso de pensamiento (después de una hora), 33.
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El flujo de ideas era muy rápido; aunque era temprano, le parecía que era muy tarde en el día; las fantasías continuaron durante la noche e impidieron el sueño, 20.
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Su mente está llena de ideas especulativas ridículas, 1.
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Ideas fijas, 1.
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Los pensamientos se sucedían en mi cabeza con la mayor rapidez; eran muy vívidos, pero se olvidaban inmediatamente, apenas comenzaban, 24. [20.]
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teoriza constantemente, 1.
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Cae constantemente en ensoñaciones, 1.
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Le sobrevienen deliciosas ensoñaciones, 33.
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Parecía tener la única idea de que debía morir y pronto sería disecado, 20.
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Parecía dominado por la idea de que no sabía si él mismo existía, o si los hombres en general existían, o con qué fin existía, 20.
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Quedó dominado por la idea de que estaba a punto de morir, por lo que gritó: «Me estoy muriendo; me llevarán a mi cámara mortuoria», 20.
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La idea de que debía morir volvió varias veces y parecía estar particularmente relacionada con el hundimiento y desaparición del pulso, 20.
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Llamó a la enfermera, «porque estaba a punto de morir» (después de una hora), 37.
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Cuando estaba en la cama, sabía dónde estaba y, sin embargo, no lo sabía; imaginaba que estaba en su casa y podía oír todos los sonidos habituales; mediante un gran esfuerzo podía recordar la verdad, pero luego recaía otra vez (después de una hora), 11.
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Mira debajo de las camas y las mesas, abre y vuelve a cerrar puertas, porque imagina que oye ruidos extraños y que hay ladrones en la casa, 1. [30.]
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Cuando sus amigos salieron de la habitación, pensó que lo habían abandonado a su suerte, y escribió «cobardes» en sus notas, 8.
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Imagina que los hombres han sido sobornados para matarlo, 1.
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Piensa que puede volar por el aire como los pájaros, 17.
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Dijo «que había sido transportado al cielo», y su lenguaje, por lo común vulgar, se volvió enteramente entusiasta (después de una hora), 37.
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Todo alrededor y dentro de él parece ser un gran misterio, y resulta aterrador, 17.
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Desesperación y temor de estar eternamente perdido. Al oír el nombre de Dios, gritó: «¡Basta! ese nombre me es terrible; no puedo soportarlo. Me estoy muriendo». Entonces formas demoníacas lo agarraban desde la oscuridad, envueltas de la cabeza a los pies en negros sudarios, mirándolo con ojos de fuego desde debajo de sus capuchas. Le parecía estar caminando en una vasta arena, cercada por muros tremendos. Las estrellas parecían contemplarlo con un aspecto humano compasivo y lamentar su condición, 17.
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El sol parecía tambalearse en su sitio, y las nubes danzaban alrededor de él como un coro, 17.
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«Podía seguir la circulación de la sangre a lo largo de cada pulgada de su trayecto. Sabía cuándo se abría y se cerraba cada válvula. El latido de mi corazón se oía con tal claridad que me sorprendía que los demás no lo oyeran», 17.
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Violentos éxtasis de placer o agonías de terror y dolor van constantemente seguidos de formas más suaves y tranquilas de excitación delirante o de alucinación, 17.
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Parece poseer una existencia dual, una de las cuales observa desde una altura a la otra mientras ésta atraviesa las diversas fases del delirio por hachís, 17. [40.]
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Tenía una sensación de dualidad. Una de sus mentes pensaba en algo, mientras la otra se reía de ello. Rápida transición de las ideas de una mente a la otra, 3.
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Se sentía como si fuese una tercera persona, que se miraba a sí misma y a su amigo (después de una hora), 11.
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El alma parecía separarse del cuerpo, mirar hacia abajo sobre él, contemplar todos los movimientos de los procesos vitales y ser capaz de atravesar repetidas veces las paredes sólidas de la habitación, así como de ver el paisaje más allá, 17.
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Extraordinaria aparente prolongación del tiempo (segundo día), 33.
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Enorme exageración de la duración del tiempo y de la extensión del espacio: unos pocos segundos parecen siglos; pronunciar una palabra parece tan largo como todo un drama, y unas pocas varas son una distancia que nunca puede recorrerse, tan grande es. La habitación se expande, y los que están alrededor de la mesa central se alejan a distancias inmensas, y el techo se eleva, y él se encuentra en un vasto salón, 17.
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Cuando sus amigos se habían ido, entró en el dormitorio; permaneció en una ensoñación, que pareció durar tres o cuatro horas, mirando a través de la puerta medio abierta hacia la sala. La sala parecía hallarse a una inmensa profundidad por debajo de él (en realidad estaba en el mismo piso), 8.
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La atención estaba ocupada principalmente por una alucinación de que el tiempo se prolongaba indefinidamente. Le parecía haber permanecido allí sentado durante horas, y cuando trataba de pensar por qué lo hacía, casi perdía el dominio de su razón, y un rápido torbellino de pensamientos confusos e irrelevantes le impedía fijar la atención en un solo punto ni por un momento; y sólo el esfuerzo de contenerse al caer lo hacía volver en sí, y entonces recordó súbitamente Cannabis Indica; pero, ¿cuándo la había tomado? Seguramente fue ayer, la semana pasada, días atrás. Al llamar a su criado, le pareció que transcurrieron unas semanas antes de que llegara, 15.
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Calculó que había disfrutado de los sueños durante unos trescientos años, siendo el hecho que sólo había transcurrido un cuarto de hora, 28.
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Al escribir estas notas, el tiempo parecía prolongarse; le parecía soñar entre cada trazo del lápiz, 8.
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Sus amigos parecían haber salido de la habitación hacía mucho tiempo, 8. [50.]
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Entre los primeros efectos se observó que la letra o el número que acababa de escribir parecía algo realizado desde mucho tiempo atrás, 24.
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Los minutos parecen días, 19.
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El tiempo que ocupaba la micción parecía de días en vez de segundos (después de cuatro horas). 3.
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Sólo habían transcurrido diez minutos, y él pensaba que habían pasado por lo menos horas, 3.
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Sólo habían transcurrido diez minutos, pero a él le parecían dos horas; sus sensaciones estaban exaltadas y magnificadas; sentía su pulso más fuerte; las ideas corrían más rápidamente; los cuadros de la pared parecían mayores que en la realidad, 8.
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Podía contarse bien el pulso; no le parecía latir lentamente, aunque el tiempo parecía prolongado, 8.
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Un amigo que estaba en la misma habitación parecía hallarse muy lejos (después de una hora), 11.
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Extraña sensación de aislamiento de todo lo que lo rodea, con gran sentimiento de soledad, aunque rodeado de sus amigos, 17.
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Imagina que posee conocimiento infinito y poder de visión, y luego que es Cristo venido a restablecer el mundo en perfecta paz, 17.
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Cree que hay poder creador en su propia palabra, y que sólo tiene que hablar para que se haga, 17. [60.]
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Cree que es Daniel Webster, y omnipotente en la elocuencia argumentativa, 17.
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Luego posee la riqueza del mundo y, con una benevolencia igual a su riqueza, derrama tesoros sobre todos los necesitados que lo rodean, 17.
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Me parecía como si fuese transparente; el fuego del hogar parecía brillar a través de mí y calentar la médula de los huesos. Sentía correr la sangre por mis venas, y todo dentro de mí temblaba con el más extremo placer, 24.
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Su cuerpo le parecía volverse transparente, e imaginaba ver dentro de su pecho el hachís que había comido en forma de esmeralda, de la cual salían millones de pequeñas chispas, 28.
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Imagina que se va hinchando gradualmente, volviéndose su cuerpo cada vez más grande, 1.
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Alucinaciones que llevan al paciente a imaginar que va a caballo, que está cazando, que ve agua azul, que está nadando, o que es capitán de un barco, que está viajando, que no tiene peso, 25.
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Ilusión de que era un [término ilegible], a través del cual corría una corriente de agua caliente, y amenazaba a su amigo con mojarlo, 41.
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Ilusión de que era un tintero y de que, al estar acostado en la cama, la tinta podía derramarse sobre la colcha blanca. En la persona de un tintero abría y cerraba su tapa de latón, que tenía una bisagra, se sacudía, y tanto veía como sentía la tinta salpicar contra sus lados de vidrio y, enojado por la incredulidad de sus amigos, volvía la cara hacia la pared y no quería pronunciar una sola palabra, 41.
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Parece ser objeto de las transformaciones más extrañas; ahora es una enorme sierra y se lanza arriba y abajo, mientras las tablas vuelan a ambos lados de él en completa integridad; luego es una botella de agua de soda, corriendo de un lado a otro; luego un enorme hipopótamo; después una jirafa, 17.
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Le parece a sí mismo haberse transformado en una existencia vegetal, como un gran helecho, y estar rodeado de nubes de música y perfume, 17. [70.]
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Ríe desmesurada e involuntariamente ante la impresión de que su pierna era una funda de hojalata llena de barrotes de escalera, que oye traquetear cuando camina. Luego, de pronto, la otra pierna parece alargarse hasta elevarlo a centenares de pies en el aire, y por ello se ve obligado a andar a saltos mientras camina con su amigo, 17.
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Sus pestañas se volvieron indefinidamente prolongadas y empezaron a enrollarse como hilos de oro sobre pequeñas ruedas de marfil, que giraban con gran velocidad, 28.
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Su voz le parece extraña, como si no fuese la suya, 17.
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Todas las impresiones de los sentidos están exageradas en grado extremo, 17.
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Le parecía estar sobre la cresta de una montaña, y que debía subir una pendiente empinada sobre roca desnuda hasta la cima, 20.
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Imagina, mientras pasea con su amigo junto a un pequeño arroyo, que se trata del Nilo y que él es el viajero Bruce, 17.
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Pensó que estaba en la habitación del señor C. y reconoció los cuadros como suyos, aunque en realidad eran del señor R., en cuya habitación se encontraba, 8.
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Las paredes de la habitación se cubren súbitamente de sátiros danzantes, y mandarines asienten desde todos sus rincones, 17.
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Imagina, al abrir la puerta de su dormitorio, que ve innumerables duendecillos diabólicos, con rostros ensangrentados e inmensos ojos negros, que lo aterrorizan tanto que cae de rodillas, le brota un sudor frío por el cuerpo, el corazón le late violentamente, piensa que va a sofocarse y grita fuertemente pidiendo auxilio; de pronto uno de los duendecillos comienza a tocar un organillo y a hacer tales muecas grotescas que rompe en accesos de risa, 1.
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En la pared de la habitación, a gran distancia, aparecía clavada una cabeza monstruosa, que comenzó una sucesión de muecas del carácter más espantoso pero ridículo. Su mandíbula inferior, ferozmente barbuda, se alargaba indefinidamente y luego, al retroceder bruscamente, la boca se abría de oreja a oreja.
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La nariz se prolongaba hasta una enormidad absurda, y los ojos parpadeaban con la rapidez del rayo, 17. [80.]
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Fue arrojado a un «horror insoportable» por la caída sobre él de una «lluvia de hollín desde el cielo», 17.
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Todos los acontecimientos de su vida pasada, incluso los largamente olvidados y los más triviales, eran arrojados en símbolos desde una rueda que giraba rápidamente, cada uno de los cuales era reconocido como un acto de su vida, y cada uno llegaba en el orden secuencial que el acto indicado ocupaba en la historia, 17.
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Tiene visiones ridículas de mujeres viejas y arrugadas, que resultan estar compuestas de hilaza tejida, 17.
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Ilusiones de los sentidos. Oye voces y la música más sublime. Ve visiones de belleza y gloria que sólo pueden igualarse en el Paraíso. Paisajes de sublimísima belleza, con profusión de flores de los colores más brillantes, en contraste, para proporcionar el mayor deleite. Arquitectura de magnífica belleza y grandeza, y todo ello dando, por el momento, una conciencia de felicidad sin mezcla, 17.
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Visión de un ejército silencioso que pasaba a su lado en la calle, por la noche, mientras caminaba, 17.
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Cuando camina al aire libre, la llanura se expande de pronto y se cubre de una banda de tártaros que se lanzan con loca prisa, con sus gorros ondeando con plumas y crines, 17.
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Mientras camina por la calle, las casas se vuelven súbitamente movibles y empiezan a asentir, inclinarse y bailar de la manera más notable, 17.
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Confunde a un conocido habitual con un mandarín chino, 17.
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Mientras camina por la calle, ve de pronto la figura embozada de un hombre que se separa de la pared. Su aspecto es tal que suscita el máximo horror. «Cada rasgo de su rostro estaba marcado por los vestigios de una vida ennegrecida por un crimen condenable. Me miraba con una ferocidad perversa y una desesperación pétrea. Me parecía volverme blasfemo al mirarlo, y en una agonía de temor me volví para huir», 17.
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Despertó súbitamente, pasada la medianoche, y se encontró en un reino de visión perfectísimamente clara, aunque terrible por una infinidad de sombras demoníacas. Junto a la cama, en el centro de la habitación, había un féretro, de cuyas esquinas colgaban los pliegues de un pesado sudario, y sobre él un cadáver espantoso, cuyo rostro lívido estaba distorsionado por las angustias del asesinato. Todos los músculos estaban tensos; las uñas habían atravesado la palma del muerto por la fuerza de su último apretón. Dos cirios a la cabecera y dos a los pies hacían que el horror del féretro fuese más luminosamente sobrenatural, y una risa ahogada y burlona de algún observador invisible se mofaba del cadáver, como si demonios triunfantes se regocijaran sobre su presa, 17. [90.]
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«Entonces las paredes de la habitación comenzaron a deslizarse lentamente una hacia otra, descendiendo el techo, ascendiendo el suelo, como la celda del cautivo destinada a ser su tumba. Cada vez me acercaban más al cadáver. Retrocedí; intenté gritar, pero el habla estaba paralizada. Las paredes se aproximaron más y más. Pronto mi mano descansó sobre la frente del muerto. Me asfixiaba en el nicho sin aliento, que era todo el espacio que aún me quedaba. Los ojos pétreos miraban fijamente hacia los míos, y de nuevo el enloquecedor estallido de risa infernal resonó junto a mi oído. Ahora era tocado por todas partes por las paredes de aquella terrible prensa; luego vino un pesado aplastamiento, y sentí que todo sentido se borraba en la oscuridad», 17.
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«Desperté; el cadáver había desaparecido, pero yo había ocupado su lugar en el féretro. La habitación se había convertido ahora en un salón gigantesco, cuyo techo estaba formado por arcos de hierro. Pavimento, paredes, cornisa, todo era de hierro, y un estremecimiento que partía de ellos parecía decir: este hierro es un demonio sin lágrimas. Sufría ante la visión de aquel hierro como ante la presencia de un asesino gigantesco. Entonces emergió de la penumbra sulfurosa la forma más horrible, un demonio también de hierro, blanco al rojo vivo y deslumbrante con la gloria de los más hondos antros infernales. Un rostro que era la encarnación de toda malicia e ironía me miraba con una fijeza abrasadora por su intenso calor, pero más aún por la perversidad que simbolizaba. Junto a él, otro demonio mecía una cuna formada por barras de hierro, incandescentes con un calor tan feroz como el de los demonios. Y ahora, de los demonios salió un cántico de blasfemia tan espantoso que ningún pensamiento humano lo ha concebido jamás, hasta que yo me volví intensamente perverso al oírlo. La música concordaba con el pensamiento, y a su estrépito se mezclaba el chirrido enloquecedor de la cuna eternamente oscilante, hasta que me sentí impulsado a una feroz desesperación. De pronto, el demonio más cercano me clavó un tridente de hierro al rojo blanco en el costado y me arrojó a la cuna ígnea. Yacía allí sin consumirme, zarandeado de un lado a otro por el vaivén de aquella máquina de fuego, mientras aún seguía el cántico de blasfemia y los ojos de sarcasmo demoníaco me sonreían con burla. ‘Cantémosle’, dijo uno de los demonios, ‘¡la canción de cuna del infierno!’», 17.
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«Marchito como una hoja en el aliento de un horno, al cabo de millones de años me sentí arrojado sobre el suelo de hierro. Poco después estaba en una plaza colosal, rodeado de casas de cien pisos de altura. Con sed abrasadora corrí hacia una fuente labrada en hierro, cada chorro de la cual estaba esculpido en burla del agua, y, sin embargo, tan seco como las cenizas de un horno. Pedí agua, y entonces todas las ventanas de los cien pisos de aquella plaza se abrieron de golpe, y en cada una apareció un maníaco. Rechinaban los dientes contra mí, me miraban fijamente, farfullaban, aullaban, reían, silbaban horriblemente y maldecían. Entonces enloquecí al ver aquello y, saltando arriba y abajo, los imité a todos», 17.
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Desde el cenit hasta el horizonte flotaba un ángel terrible, de negrura de medianoche. Su rostro infundía en mí terrores indecibles, y sus espantosas manos, semicerradas sobre mi cabeza, parecían esperar para agarrarme por el cabello. A través del firmamento venía un carro como el relámpago, con ruedas como soles de arco iris. A su aproximación, el ángel sombrío se volvió y se precipitó hacia el horizonte, que parecía humear a su paso, y yo fui salvado, 17.
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La escena se volvió entonces teatral, y él un actor, que improvisaba su tragedia y mantenía a su inmenso auditorio hechizado. De pronto, una mirada de sospecha apareció en todos los rostros. «Busqué alivio volviéndome del patio hacia los palcos. La misma mirada pétrea aún me enfrentaba. ¡Oh!, conocían mi secreto, y en aquel instante brotó del teatro entero un coro enloquecedor: ‘¡Hachís! ¡Hachís! ¡Ha comido hachís!’. Salí arrastrándome del escenario con una vergüenza indecible. Me agazapé para ocultarme. Miré mis vestidos y los vi sucios y harapientos como los de un mendigo. De la cabeza a los pies yo era la encarnación misma de la sordidez. Mi refugio resultó estar en el pavimento de la principal arteria de una gran ciudad. Los niños me señalaban; los ociosos se paraban y me examinaban con desprecio inquisitivo. La multitud de hombres y bestias me miraba; las mismas piedras de la calle se burlaban de mí con mofa humana mientras yo me encogía contra un muro lateral en mis harapos embarrados», 17.
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Imagina que alguien lo llama, 1.
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Oye música de la melodía y armonía más dulces y sublimes, y ve venerables bardos con sus arpas, que tocan como si fuese la música del cielo, 17.
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En la música, un solo tono parecía la armonía más divina, 24.
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Imagina que oye música; cierra los ojos y se pierde durante algún tiempo en los pensamientos y sueños más deliciosos, 1.
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Le parece oír innumerables campanas que suenan con la mayor dulzura, 1. [100.]
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Durante dos semanas completas después, cuando estaba sentado en su despacho, en tranquilas tardes de verano, leyendo distraídamente, oía la armonía más magnífica, como si alguna mano maestra estuviese tocando un órgano y usando sólo los registros más suaves. Había esta particularidad en la audición de la música, a saber: era preciso hallarse en un estado de semiensoñación, y entonces los divinos acordes, suaves y maravillosamente dulces, se sucedían en un legato más continuo que cualquiera que la mano humana hubiese logrado jamás. Si uno despertaba la atención y aguzaba el oído, como para asegurarse de captar cada acorde, el silencio llegaba de inmediato, 41.
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Oyó el ruido de los colores, sonidos verdes, rojos, azules y amarillos que le llegaban en ondas perfectamente distintas, 28.
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Después de esa experiencia de éxtasis ya descrita, cuando acababa de salir de un bosque espeso, oyó un siseo en forma de susurro: «¡Mátate! ¡Mátate!». «Me volví para ver quién hablaba. No se veía a nadie. El susurro se repitió con mayor insistencia; y ahora lenguas invisibles lo repetían por todos lados y en el aire encima de mí: ‘El Altísimo te ordena que te mates’. Saqué mi cuchillo, lo abrí y me lo puse en la garganta, cuando sentí el golpe de alguna mano invisible sobre mi brazo; mi mano salió despedida por la fuerza del choque, y el cuchillo fue a girar entre los arbustos. Los susurros cesaron», 17.
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En su primer experimento, las sensaciones que produjo fueron, físicamente, de exquisita ligereza y levedad aérea; mentalmente, de una percepción maravillosamente aguda de lo ridículo en los objetos más simples y familiares, 18.
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Los objetos que lo rodeaban asumían una expresión tan extraña y caprichosa, se volvían en sí mismos tan indeciblemente absurdos y cómicos, que se veía provocado a un largo acceso de risa. La alucinación desapareció tan gradualmente como había venido, dejándolo vencido por una suave y agradable somnolencia, de la que cayó en un sueño profundo y reparador. 18.
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En su segundo experimento, el mismo fino estremecimiento nervioso (que había experimentado en su primer experimento) lo atravesó de pronto. Pero esta vez iba acompañado de una sensación de ardor en la boca del estómago, y en lugar de crecer sobre él con el paso gradual de un sueño saludable y de resolverlo, como antes, en aire, llegó con la intensidad de una punzada y se propagó palpitando a lo largo de los nervios hasta las extremidades de su cuerpo. Le parecía existir sin forma a través de una vasta extensión de espacio. Todo su cuerpo parecía expandirse, y la bóveda de su cráneo ser más amplia que la bóveda del cielo. Sus sensaciones se le presentaban en doble forma; una física y, por lo tanto, hasta cierto punto tangible, y la otra espiritual, revelándose en una sucesión de espléndidas metáforas. Su sensación física de existir iba acompañada de la imagen de un meteoro que explotaba, no hundiéndose luego en la oscuridad, sino continuando disparando desde su centro o núcleo, que correspondía al punto ardiente en la boca del estómago, incesantes fulguraciones de luz que finalmente se perdían en la infinitud del espacio. Su mente estaba abarrotada por una sucesión de visiones, pero todas terminaban en lo ridículo, 18.
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Mientras estaba más completamente bajo la influencia de la droga, era perfectamente consciente de que se hallaba sentado en la torre del hotel de Antonio, en Damasco, sabía que había tomado hachís, y que las extrañas, suntuosas y ridículas fantasías que lo poseían eran efecto de ello, 18.
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Era consciente de dos estados distintos del ser en el mismo instante, ninguno de los cuales entraba en conflicto con el otro. Su goce de las visiones era completo y absoluto, sin verse perturbado por la más tenue duda acerca de su realidad; mientras que, en alguna otra cámara de su cerebro, la razón se sentaba serenamente a observarlas y a acumular la burla más viva sobre sus rasgos fantásticos, 18.
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Un conjunto de nervios vibraba con la dicha de los dioses, mientras otro se convulsionaba con una risa inextinguible ante esa misma dicha. Sus éxtasis más altos no podían doblegar ni acallar el peso de su ridículo, que, a su vez, era impotente para impedirle precipitarse en otras absurdidades aún más suntuosas. Al cabo de un rato las visiones se hicieron más grotescas que nunca, pero menos agradables; y había una tensión dolorosa en todo su sistema nervioso. Reía hasta que los ojos le desbordaban abundantemente; cada gota que caía se convertía de inmediato en un gran pan y se derrumbaba sobre el mostrador de un panadero en el bazar de Damasco. Cuanto más reía, más deprisa caían los panes, hasta que se levantó tal montón alrededor del panadero que apenas podía verse la cima de su cabeza, 18.
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Un calor feroz y furioso irradiaba desde el estómago a través de todo su organismo; la boca y la garganta estaban tan duras como si fueran de latón, y la lengua, le parecía, era una barra de hierro oxidado. Aunque tomó una jarra de agua y bebió larga y profundamente, su paladar y su garganta no le dieron noticia alguna de haber bebido, 18. [110.]
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Cerca de la medianoche, su sangre excitada corría por su cuerpo con un sonido como el rugido de aguas poderosas. Era impulsada hacia sus ojos hasta que ya no podía ver; golpeaba densamente en sus oídos y palpitaba de tal modo en su corazón que temía que las costillas cedieran bajo sus golpes. Rasgó su chaleco, puso la mano sobre el punto y trató de contar las pulsaciones; pero había dos corazones, uno latiendo al ritmo de mil latidos por minuto, y el otro con un movimiento lento y apagado. Pensaba que la garganta le llegaba hasta el borde de sangre y que chorros de sangre brotaban de sus oídos. Después de terminar las visiones, surgió una sensación de angustia más severa que el propio dolor, 18.
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Su garganta estaba tan seca como un tiesto, y su lengua rígida se pegaba al paladar, 18.
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Hacia las 3 de la mañana siguiente, algo más de cinco horas después de haber tomado el hachís, cayó en un estupor. Durante todo el día y la noche siguientes permaneció tendido en un estado de olvido absoluto, interrumpido sólo por un único e incierto destello de conciencia, 18.
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Se levantó, intentó vestirse, bebió dos tazas de café, y luego volvió a caer en el mismo estupor semejante a la muerte, 18.
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En la mañana del segundo día, después de un sueño de treinta horas, despertó de nuevo al mundo, con el sistema totalmente postrado y sin tono, y el cerebro nublado por las imágenes persistentes de sus visiones, 18.
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No había sabor en lo que comía, ni alivio en lo que bebía, y requería un esfuerzo penoso comprender lo que se le decía y devolver una respuesta coherente, 18.
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Después de beber un vaso de sorbete muy ácido, experimentó alivio inmediato de estos síntomas. El hechizo no se rompió por completo, y durante dos o tres días siguió sujeto a frecuentes accesos involuntarios de distracción, 18.
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La alucinación dominante de uno de sus compañeros era que él era una locomotora, 18.
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Aproximadamente una hora y media después de tomarlo, percibí pesadez de la cabeza, divagación de la mente y aprensión de que iba a desmayarme. De ahí pasé a un estado de semitrance, del que desperté de repente y muy reconfortado. La impresión era la de salir de mí mismo; tenía dos seres, y había dos cursos de ideas distintos, aunque concurrentes. Imágenes flotaban ante mí; no las figuras de un sueño, sino aquellas que parecen jugar delante del ojo cuando está cerrado; y con esas figuras se mezclaban extrañamente los sonidos de una guitarra que se tocaba en una habitación contigua; los sonidos parecían agruparse y desvanecerse con las figuras en la retina. La música de aquella pobre ejecución era celestial y parecía proceder de una orquesta completa, reverberando a través de largas salas de montañas. Estas figuras y sonidos estaban a su vez relacionados con reflexiones metafísicas que también, como los sonidos, se agrupaban en series de pensamiento que parecían tomar forma ante mis ojos y entretejerse con los colores y los sonidos. Yo seguía un razonamiento; surgían puntos nuevos y, simultáneamente, había ante mí una figura que arrojaba brotes correspondientes, como un árbol de zinc; y luego, al reaparecer las figuras móviles, o al herir mi oído los sonidos, las otras clases de figuras salían con claridad y danzaban unas a través de otras. Los razonamientos eran largos y elaborados, y aunque permanece la impresión de haberlos recorrido, todo esfuerzo para recordarlos ha sido inútil. La escena siguiente fue descrita por mí y recogida en aquel momento. Un general que mandaba un ejército, y dudaba si debía entablar combate con el enemigo, consultó al oráculo. El oráculo respondió: «Ve con la fortuna de César». Dio batalla y fue vencido. Su rey ordenó que le cortaran la cabeza; pero el general acusó al oráculo. El rey gritó: «El oráculo no tiene la culpa; no te dijo que tú fueras César. Fuiste doblemente necio al equivocarte sobre su sentido y sobre tu propio valor». El general respondió: «Entonces la culpa es de quien envió a un necio a mandar sus ejércitos». «No», respondió el rey. «No torcerás una frase para tu beneficio y otra para mi perjuicio». Esta escena parecía desarrollarse ante mí, y en la región de Cartago, que me era completamente familiar, aunque nunca había estado allí. El general era abisinio; el rey, un hombre blanco de barba negra. La vez siguiente que lo probé, el único efecto fue hacerme perder una noche de descanso (tomado hacia el anochecer). La primera vez (tomado por la mañana) me había dado una doble ración de sueño; en ambas ocasiones aumentó enormemente mi apetito. No fue seguido de depresión. La primera vez lo tomé a las cuatro y media, y después un vasito de licor de aguardiente de alcaravea, para apresurar el efecto. No sentía frío, mientras quienes caminaban conmigo, envueltos en mantos, se quejaban de ello. Luego vino una inestabilidad de la marcha; no la de quien teme caer, sino la de quien trata de contenerse, pues sentía como si tuviera resortes en las rodillas, y me acordé de la historia del hombre con la pierna mecánica que se marchó con él. Me senté a cenar a las seis y media. Había un cristal entre yo y el resto de la compañía, y una o dos pulgadas se interponían entre yo y todo cuanto tocaba. Lo que comía y cuánto comía no importaba; el alimento fluía a través de mí como un río. Pasaba un viento que soplaba sobre la mesa y se llevaba los sonidos, y yo veía las palabras caer unas sobre otras sobre las cataratas.
Había una sequedad de la boca, que no era sed. La sequedad irradiaba desde la parte posterior de la garganta, frente a la nuca. Era una mancha de color azul oscuro; el alimento, al llegar a ese punto, descendía y tomaba el color de la mancha. Tenía la impresión de que describía todo esto en aquel momento, pero me dijeron que no decía nada acerca de mí mismo ni describía lo que experimentaba. Me habría aliviado si alguno de los presentes hubiera estado bajo la misma influencia. Los estallidos de risa que yo provocaba no me agradaban en absoluto, salvo cuando eran suscitados por alguna observación mía no relacionada conmigo mismo. Nunca perdí la conciencia de lo que ocurría; siempre estaban presentes los objetos reales, así como los imaginarios; pero a veces comenzaba a dudar cuáles eran cuáles, y entonces flotaba en una extraña incertidumbre. Venía por accesos, con, según pensaba yo, intervalos de horas, cuando sólo podían haber transcurrido minutos, 26.
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Sus primeras sensaciones fueron de intenso asombro ante la circunstancia de verse ya no dueños de sus propios actos, mientras seguían siendo testigos lúcidos de todos ellos, por más necios que fueran. Aquí la diferencia entre la embriaguez alcohólica y la producida por el hachís se marca con fuerza. Se veían a sí mismos cometiendo absurdos del tipo más grotesco; saltando, marcando el compás de la nada, moviendo los brazos como si recibieran sacudidas eléctricas, escribiendo palabras ridículas, etc., sin poder por su parte impedir tales exhibiciones; y, sin embargo, como si estuvieran independientes de ellas, como si fuesen simplemente objetos de observación exhibidos por personas distintas de ellos mismos. Al principio tenían la sensación y la apariencia de fingir un estado de exaltación que no sentían, y que incluso estaba fingido con tanta incertidumbre y torpeza que cualquiera que lo presenciara creería durante mucho tiempo en su irrealidad. No obstante, se trata de una propensión irresistible, 39. [120.]
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En un momento el intelecto se oscurece y se pierde en el olvido del pasado; luego vuelve claro y es capaz por un momento de formar un juicio y desaprobar actos que antes pudo haber sancionado, sólo para verse de nuevo envuelto en ese estado de necedad automática, fenómeno tan peculiar durante la intoxicación por hachís. Durante los intervalos de confusión u oscuridad, los momentos lúcidos poseen una potencia y una comprensión verdaderamente maravillosas, de tal modo que en pocos segundos puede rehacerse y contemplarse la imagen más distinta y exacta de un tramo de vida que abarque hasta cuarenta años. La alternancia de oscuridad y lucidez es como el efecto de una ola marina; una ola lúcida es seguida por otra oscura y colgante sobre la que la mente naufraga y es llevada, con una sensación de melancólico flotamiento, hacia el olvido y la obliteración, para ser despertada instantáneamente por el paso sobre ella, una vez más, de la ola de vida y luz. Las olas oscuras se persiguen unas a otras mientras continúan, y la mente, incapaz de continuar sus pensamientos y actos, pero doblándose bajo una serie sucesiva de impresiones, hace que el más corto espacio de tiempo parezca presentar la duración de una eternidad, 39.
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Una aparente extraordinaria lentitud del tiempo, que impresionó a los observadores de un modo tan singular y los hizo tan impacientes ante la demora, que recurrían continuamente a sus relojes y observaban, con una especie de temor reverente, cómo los minutos se transformaban en épocas. Con esa aparente e interminable duración del tiempo, parecía presentarse una especie de olvido, por el cual un acto de la mente ocurrido un intervalo antes, o una impresión recibida algún tiempo antes, quedaban en cierto modo olvidados; pero, al cabo de pocos y breves instantes, regresaban o se presentaban, por así decirlo, por primera vez y de tal modo se repetían casi inexplicablemente y se reproducían con frecuencia, como ahora, las impresiones que reavivaban, .
CABEZA
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Confusión y vértigo.
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Confusión y pesadez en la frente (después de una hora), 4.
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Vértigo (después de una hora y tres cuartos), 19.
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Vértigo al levantarse, 1.
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Vértigo al levantarse, con un dolor aturdidor en la parte posterior de la cabeza, y cae, 1. [280.]
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Vértigo, con inclinación hacia atrás de la cabeza (primer día), 7.
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Al caminar, ligera tendencia al vértigo (después de cinco horas), 4.
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Cabeza mareada (segundo día), 3.
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Mareo en la cabeza (después de dos horas), 14.
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Mareo como de intoxicación (segundo día), 7.
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Mareo al inclinarse hacia delante o al caminar (primer día), 7.
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El café fuerte alivió el mareo (segundo día), 3.
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Vértigo (después de una hora), 33.
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Vértigo; durante algún tiempo, todo parecía dar vueltas (después de una hora), 12.
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Sensación transitoria en la cabeza como si algo girara en ella, de delante hacia atrás, del lado derecho (después de una hora y un sexto), 14. [290.]
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Sensación peculiar de movimiento, o lo que se llama aturdimiento en la cabeza, con sensación transitoria de constricción alrededor de la cabeza (después de una hora y dos tercios), .
OJO
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Objetivo.
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Ojos de mirada extraviada (primer día), 7.
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Parecía haberse despertado súbitamente, y miró fijamente a su alrededor con expresión extraviada (después de una hora), 37.
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Mirada fija, 1. [350.]
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El ojo tiene una expresión de astucia y alegría, 29.
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Al mirarse en el espejo, le llamó la atención la ligera apariencia de embriaguez de los ojos (después de ocho horas), 5.
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Ojos lánguidos; pesadez de la cabeza (segundo día), 1.
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Ojos hinchados e inflamados (segundo día), 3.
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Ojos apagados e hinchados (en unos treinta experimentadores), 3.
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Subjetivo.
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Debilidad de los ojos, 1.
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Pesadez en los ojos, 1.
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Pesadez y presión sobre los ojos, con náuseas, 1.
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Calor en los ojos, 1.
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Sensación de calor ardiente, más marcada en los ojos que en los párpados, e intensa (después de tres horas), 13. [360.]
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Ardor y escozor en los ojos, 1.
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Gran presión en el ojo derecho, 1.
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Órbita.
OÍDO
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Dolor y silbido en el oído izquierdo, 44.
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Ardor en los oídos, 1.
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Sensación de taponamiento del oído derecho (después de cuarenta y cinco minutos), 19.
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Dolorimiento en ambos oídos, 1.
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Dolor terebrante inmediatamente por encima y detrás del oído derecho (después de tres horas), 44.
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Dolor terebrante en el oído derecho, 44.
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Dolor lacerante en el oído derecho, ameliorado por la presión, 1. [410.]
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Latidos y plenitud en ambos oídos, 1.
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Sacudidas o descargas eléctricas en los oídos, 1.
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Audición.
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Gran agudeza auditiva, 17.
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Sensibilidad al ruido, 1.
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Aumento de la agudeza auditiva, por lo cual ruidos leves se volvían tan fuertes como el trueno, 28.
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Los sonidos parecen inusualmente fuertes, 1.
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Su propia voz le parece intensamente fuerte. Cree que ha estado hablando indecorosamente alto, cuando no ha hablado en absoluto, 17.
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La música de cualquier clase le resulta intensamente agradable, 1.
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Dificultad para oír, 21.
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Su propia voz le sonaba como si estuviera muy lejana (después de una hora), . [420.]
NARIZ
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Estornudos (después de una hora y tres cuartos), 19. [430.]
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Al sonarse, expulsó sangre coagulada de la narina derecha, 1.
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Sensación seca y febril en la narina izquierda (después de tres horas), 44.
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Dolor en la raíz de la nariz, 1.
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Sensación de plenitud y dolor sordo en la raíz de la nariz, 1.
CARA
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Objetivo.
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Cree que su expresión debe de estar alterada, pues la gente lo mira más de lo habitual (después de tres horas), 5.
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Aspecto fatigado, agotado, 1.
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Parece somnoliento y atontado, 1.
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Tiene aspecto de estar completamente intoxicado, 1.
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Cara pálida (primer día), 7.
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Cara algo pálida (segundo día), 5. [440.]
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Cara pálida y ansiosa (después de una hora), 37.
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Palidez de la cara, como en el desmayo, mejorada por el aire fresco, 19.
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Cara enrojecida, al subir las escaleras, 41.
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Enrojecimiento de la cara, como durante la intoxicación, 1.
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La cara y los ojos se pusieron muy rojos, 20.
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Con gran esfuerzo movió la mano y se tocó la cara, y ésta se sentía dura; no había sensibilidad en la cara, pero a la mano le parecía como de piedra, 3.
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La piel de la cara, especialmente la de la frente y el mentón, se siente como si estuviera tirante, 1.
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Sensación de presión en ambas mejillas, en puntos correspondientes, cerca del borde posterior del hueso malar. Esto no duró mucho (después de una hora y un sexto de hora), 14.
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Punzadas en el lado derecho de la cara, como por pinchazos dolorosos; desaparecen al rascarse, pero vuelven inmediatamente en otra parte del cuerpo, .
BOCA
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Dientes.
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Rechinamiento y castañeteo de los dientes durante el sueño, 1.
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Los dientes del lado derecho de la boca le parecían estar apretados. (Esta condición no fue observada por su amigo, y probablemente era subjetiva), 8. [460.]
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Dolor en todos los dientes de la mandíbula superior, que se sentían como si estuvieran flojos, 1.
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Dolor en los molares inferiores del lado derecho, 44.
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Dolor terebrante en los molares inferiores derechos, mejor por la presión, peor al apretarlos entre sí, 44.
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Dolor sordo en los molares derechos (después de tres horas), 44.
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Latidos pesados en las raíces de los dientes, 1.
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Dolorimiento en la unión de los dientes anteriores con las encías, especialmente por la parte interna, con sensibilidad al contacto de la lengua, 1.
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Cesación del dolor de muelas (después de una hora), 33.
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No sentía dolor, aunque era plenamente consciente de que el dolor de muelas estaba presente (después de una hora), 33.
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Lengua.
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Lengua saburral blanca (segundo día), 7.
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Lengua blanca y de aspecto enfermizo (segundo día), 5. [470.]
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Por la mañana, lengua blanca y sucia, con mal sabor, como si se hubiera intoxicado la noche anterior (segundo día), 5.
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6 A.M. Antes de levantarse, considerable acumulación de moco espeso sobre la lengua (segundo día), .
GARGANTA
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Las arterias carótidas y temporales laten más lenta y débilmente de lo habitual, 20.
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Por la mañana arranca al carraspear masas mucosas vidriosas, cada una con una mancha de sangre, 1.
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Sequedad y aspereza en la garganta, 1. [500.]
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Una sequedad en la garganta lo llevó a pedir agua, 41.
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Sensación de malestar, como si proviniera de sequedad de la garganta, o más bien sensación de que la lengua y la garganta estuvieran cubiertas por un cuerpo seco y blando, 39.
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Hubo de abandonar el intento de fumar un cigarro al aire libre a causa de la sequedad y la irritación de la garganta, 20.
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La garganta está reseca, acompañada de sed intensa de agua fría, 1.
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Sensación como de un cuerpo carnoso en la boca del estómago de la garganta, que impide la deglución, 1.
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Sensación de un tapón que le subiera por la garganta, causándole ahogo, 1.
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Sensación de ardor en la garganta, 27.
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Presión en las amígdalas (después de una hora y tres cuartos), 19.
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Raspadura en la faringe, eructos y ligeras náuseas (pronto), 20.
ESTÓMAGO
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Apetito.
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Apetito aumentado, 21. [510.]
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Apetito aumentado, 1.
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Apetito enormemente aumentado, 26.
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Aumento del apetito a la cena (segundo día), 8.
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1.30 P.M., apetito aumentado; tomó un buen almuerzo (no había desayunado), (segundo día), 8.
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Un efecto del que todos los pacientes dieron testimonio, sin que se les interrogara, fue que mejoró su apetito y su salud general, y parecía mejorar todas sus secreciones, 31.
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Apetito intenso (segundo día), 31.
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Gran apetito, 12.
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Excelente apetito para la cena a las 6, pero la boca seguía muy seca, 27.
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Gran hambre durante varios días (segundo día), 7.
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Hambre canina, 1. [520.]
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Hambre canina, que no disminuye aunque coma enormemente; deja de comer sólo por temor a perjudicarse, 1.
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Bulimia, 29.
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A la hora del té, comió vorazmente, 35.
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A la hora del té, comió con hambre canina, sin sentirse satisfecho, 33.
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Los pasteles y las comidas grasosas, que antes nunca comía sin sufrir eructos rancios y cefalea, ahora se digieren fácilmente, .
ABDOMEN
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Puntadas en el hipocondrio derecho, al respirar (después de una hora y tres cuartos), 19.
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Inmediatamente al volver a acostarse, un desagradable borborigmo en el abdomen, como si fuera a sobrevenir diarrea (inmediatamente), 44.
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Desagradable borborigmo flatulento en los intestinos, por la noche, al acostarse, 44.
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El abdomen se siente hinchado; aliviado al eructar una cantidad considerable de gas, 1.
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Puntadas por encima de la sínfisis del pubis, 1.
RECTO Y ANO
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Tenesmo, 21.
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Sensación en el ano como si estuviera sentado sobre una bola; como si el ano y una parte de la uretra estuvieran ocupados por un cuerpo redondo y duro, 1.
DEPOSICIONES
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La diarrea amarilla e indolora estuvo presente en todos los casos (en unos treinta experimentadores), 3.
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Dos evacuaciones líquidas, además de frecuentes deseos infructuosos de evacuar (primer y segundo días), 4. [560.]
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Tuvo una evacuación intestinal (después de cinco horas), y media hora más tarde tuvo otra. Eran líquidas, amarillas e indoloras. La diarrea aumentó, y un calor invadía el abdomen por dentro, y siguieron frecuentes evacuaciones de este tipo, pero completamente sin dolor, 3.
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Estreñimiento, 21.
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El estreñimiento siguió a la patogenesia, 20.
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En uno o dos casos, algo de estreñimiento durante unos pocos días, 3.
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Estreñimiento, 1.
ÓRGANOS URINARIOS
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Riñones.
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Dolor en los riñones, al reír, 1. [570.]
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Ardor en los riñones, 1.
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Dolorimiento en los riñones, que lo mantiene despierto por la noche, 1.
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Puntadas agudas en ambos riñones, 1.
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Uretra.
-
Ligera inflamación del orificio de la uretra, 1.
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Al apretar el glande, rezuma un moco blanco y vidrioso, 1.
-
Inquietud en la uretra, 1.
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Sensaciones en la uretra como si hubiera una secreción gonorreica, 1.
-
Dolor y ardor durante la micción, 1.
-
Dolores ardientes en la uretra, peor por la noche, 1.
-
Ardor y escozor antes, durante y después de la micción, 1. [580.]
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Ardor intenso en el orificio de la uretra, durante la micción y después, 1.
-
Puntadas en la uretra, 4.
-
Puntadas en la uretra (segundo día), 4.
ÓRGANOS SEXUALES
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Varón.
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Excitación de los genitales, 21.
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Satiriasis, 1.
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Erecciones al montar, al caminar, y también estando sentado e inmóvil; no causadas por pensamientos amorosos, 1.
-
Después del coito, la erección continúa tanto tiempo y se vuelve tan dolorosa que tiene que aplicar agua fría al pene, 1.
-
Erecciones violentas, 1.
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Priapismo, 1.
-
Cordeo, 1.
-
Pene relajado y encogido (después de una hora y tres cuartos), 19. [620.]
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Inquietud, con sensación de ardor en el pene y la uretra, acompañada de frecuentes deseos de orinar, 1.
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La sensación orgásmica se prolonga mucho, con más de una docena de eyaculaciones de semen, 1.
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Por la noche, durante el coito, poca o ninguna sensación. Casi ninguna emisión ni sensación, pero poco después un dolor bastante agudo en la región lumbar, que duró poco tiempo (algo enteramente inusual), (segundo día), 5.
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La sensación orgásmica consiste meramente en un ardor intenso, sin eyaculación de semen, 1.
-
Dolorimiento punzante y urente en el glande del pene, 1.
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Prurito del glande del pene, .
ÓRGANOS RESPIRATORIOS
-
Voz.
-
El tono de la voz es mucho más alto, 1.
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Habla en un tono tan bajo que no se le oye, y se ríe excesivamente cuando se le hace notar, 1.
-
Incapacidad para medir el registro y el volumen de la voz al hablar, 17.
-
Tos.
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Tos áspera, que raspa el pecho inmediatamente debajo del esternón, 1.
-
Ligera tos seca (después de cuatro horas), volviéndose luego más dura, pero todavía seca, casi como un ladrido, 3.
-
Tos dura, seca (en unos treinta experimentadores), 3.
-
Respiración. [640.]
-
Aliento caliente, 1.
-
Respiración estertorosa, 17.
-
Respiración dificultosa, 21.
-
Se requiere gran esfuerzo para hacer una inspiración profunda, 1.
-
La menor presión sobre el estómago provoca un acceso de sofocación, 1.
-
Deseo de estar al aire libre, 23.
PECHO
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Dolores en el tórax (después de cuarenta y cinco minutos), 19.
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Sensación ansiosa en el pecho, y latidos del corazón rápidos, irregulares y pequeños, casi todo el día (segundo día), 4.
-
Pesadez en el pecho al caminar (después de cuarenta y cinco minutos), 19.
-
Ardor en el pecho, 21. [650.]
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Al subir rápidamente algunos escalones, sintió un dolor constrictivo a través del pecho, a la altura del corazón; sólo duró uno o dos momentos; nunca antes había sentido tal dolor (segundo día), 5.
-
Dolores opresivos, punzantes, en el tórax y las extremidades (después de una hora y tres cuartos), 19.
-
Opresión en el pecho, 8.
-
Opresión del pecho, con sensación opresiva y de tirantez en la boca del estómago, 20.
-
Opresión del pecho, con respiración profunda y trabajosa. Se siente como si se sofocara, y hay que abanicarlo, 1.
-
Opresión considerable del pecho, como si la sofocación fuera a sobrevenir con seguridad; aumentada al subir las escaleras, 41.
-
Punzadas que se extienden desde [texto dudoso]; aumentadas al subir las escaleras, 41.
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Dolor punzante, cortante, detrás del esternón, agravado al tragar, 1.
CORAZÓN Y PULSO
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Precordio.
-
Opresión en el precordio, 23.
-
Sensación de peso en la región del corazón (poco después), 36. [660.]
-
Sensación indescriptible de opresión alrededor del corazón; sensación de malestar en el corazón; los latidos del corazón le parecían muy dificultosos, vivos y rápidos, débiles y pequeños; sus contracciones parecían bruscas. Este estado del corazón duró hasta que se fue a la cama, hacia las 3 A. M., 8.
-
Durante mucho tiempo después, molesto y alarmado por dolores alrededor del corazón, 41.
-
Dolores punzantes, al parecer en la superficie del corazón, intermitentes, 13.
-
Al respirar, el corazón se siente como si rozara contra las costillas, 1.
-
Sensación de malestar en el corazón. (La última palabra se refiere realmente al corazón, y no a ninguna otra parte), 8.
-
Angustia en el corazón, 1.
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Dolor en el corazón, con palpitación del corazón, 1.
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Dolor presivo en el corazón, con disnea durante toda la noche, 1.
-
Punzadas en pequeños puntos circunscritos del corazón, 1.
-
Punzada dolorosa como con las púas de un tenedor en el corazón, 1. [670.]
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Puntadas en el corazón, acompañadas de gran opresión; esta última aliviada por la respiración profunda, 1.
-
Acción del Corazón.
CUELLO Y ESPALDA
-
Cuello. [690.]
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Dolorimiento en la nuca, en el hombro derecho y en el oído derecho, 1.
-
Espalda.
-
Sensación peculiar como de una corriente de agua caliente, que gradualmente iba subiendo por la espalda y se abría paso hasta el cerebro (después de media hora), 27.
-
Sensación como si una varilla de hierro al rojo vivo fuese pasada desde el sacro por la columna hasta el atlas, alrededor del occipucio, sobre los ojos desde el lado derecho, deteniéndose en el oído izquierdo, dejando una sensación como de estar carbonizado, tardando seis horas en efectuar este trayecto, 44.
-
Dolor aturdidor entre los omóplatos, 1.
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Dolor a través de los hombros y de la columna, obligándolo a encorvarse e impidiéndole caminar erguido, 1.
-
4 P.M., muy intenso en el borde externo del músculo trapecio (segundo día), 44.
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Movimientos reflejos de la columna espinal; movimiento ondulatorio que comienza en la región dorsal y se extiende hasta la pelvis, elevando y deprimiendo alternadamente primero el dorso, después la pelvis, lenta e involuntariamente. Mientras el dorso y el hombro estaban apoyados contra la cama, las regiones lumbar y pélvica se elevaban lentamente, y luego eran deprimidas lenta pero firmemente mientras el dorso se elevaba lentamente, 6.
-
Sensación de frío en la región lumbar y entre los hombros, 44.
EXTREMIDADES EN GENERAL
-
Objetivo.
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Fue acometido por una especie de convulsiones gesticulatorias en los brazos y las piernas, y poco a poco sus síntomas asumieron el aspecto de los que caracterizan la hidrofobia, 39.
-
Parálisis de las extremidades inferiores y del brazo derecho, 1.
-
Subjetivo. [700.]
-
Agradable entumecimiento en las extremidades (después de una hora), 33.
-
Desagradable estremecimiento por todas las extremidades, con dolorosa sensación de peso en el occipucio, y una contracción tetánica intermitente de los músculos de la nuca, 22.
-
Sensación de plomo en las extremidades, como si no pudiera moverlas, durante algún tiempo (después de dos horas y media), 12.
-
Sensación de cansancio en las extremidades, con disposición a retirarse a la cama, 1.
-
Dolores en las muñecas y los tobillos (segundo día), 4.
-
Dolores en las articulaciones (segundo día), 7.
EXTREMIDADES SUPERIORES
-
Objetivo.
-
Temblor de los brazos y de las manos, 1.
-
Incapacidad para levantar el brazo derecho, con frialdad de la mano derecha, 1.
-
Subjetivo.
-
Curioso dolor lancinante en el brazo izquierdo, desde el hombro hasta la punta del dedo medio, que producía en el dedo una sensación de dolorimiento interno, la misma que se siente en los dolores neurálgicos. En un momento el dolor se concentraba en la parte pulposa de la falange ungueal, y en otro en la parte superior del borde axilar de la escápula, de donde parecía irradiarse, como los radios de una rueda, a una distancia de dos pulgadas (al cabo de una hora y dos tercios), 13.
-
Agradable hormigueo vibrante por los brazos y las manos, 1.
-
Hombros. [710.]
-
Impotencia funcional de los hombros, 1.
-
Sensación en los hombros como si estuvieran golpeados, especialmente en el hombro izquierdo, 1.
-
Brazo.
-
Dolor en la cara anterior del brazo y en la cara posterior del codo, 44.
-
Codo.
-
Dolor como por fatiga en el pliegue del codo derecho (a las 7 A.M., primer día), 7.
-
Antebrazo.
-
Incapaz de levantar las manos, como si un peso pesara sobre el antebrazo, 3.
EXTREMIDADES INFERIORES
-
Objetivo.
-
Inestabilidad de la marcha; no la de quien teme caerse, sino la de quien intenta contenerse, pues sentía como si tuviera resortes en las rodillas, y le recordó la historia del hombre con la pierna mecánica que se le iba andando, 26.
-
Mientras avanzaba por una pasarela de tablones, de una sola tabla de ancho, de vez en cuando, y súbitamente, la pierna derecha salía disparada hacia la izquierda, saliéndose de la tabla. Después de observar unas cuantas veces esta rareza muscular, concentró la atención en la locomoción con el fin de impedir la repetición de aquel paso en falso errático. La pierna salía disparada una y otra vez, desafiando la voluntad, e iba invariablemente hacia la izquierda, 41.
-
Parálisis completa de las extremidades inferiores, 1.
-
Es incapaz de subir escaleras, a causa de una parálisis casi completa de las extremidades, con rigidez y dolorimiento fatigoso en ambas rodillas, 1.
-
Las extremidades no pueden sostenerlo (después de dos horas y cuarto), 35.
-
Las piernas apenas pueden sostener el cuerpo, 27.
-
La extremidad derecha cede súbitamente y él cae, 1. [730.]
-
Hacia las 3 A.M., ya vuelto a la sobriedad, se fue a la cama. Tropezó al bajar los escalones al salir del cuarto de su amigo, 8.
-
Cojera de la extremidad derecha; dolores tironeantes en las pantorrillas, 1.
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Gran debilidad de la pierna izquierda, 1.
-
Cansancio en ambas extremidades, casi hasta la parálisis; peor en la izquierda, 1.
SÍNTOMAS GENERALES
-
Objetivos.
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Aflujo de sangre a la superficie, 29.
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Gran excitación de todo el organismo, como si la sangre circulara muy rápidamente; como si corrientes de ella se vertieran desde abajo hacia la cabeza, que se sentía embotada, mientras los ojos brillaban; al caminar, apenas podía encontrar su camino; todo parecía oscuro y trastornado; al llegar a casa, gran alegría y serenidad, como si un poder invisible lo elevara a otras y más altas regiones; todo parecía demasiado pequeño y demasiado oscuro; frecuentes afirmaciones de que veía algo sobrenatural y podía realizar grandes cosas; veía espíritus danzando a su alrededor, tan felices como él mismo; su oído era muy agudo; el menor ruido, como el latido de su propio corazón, parecía demasiado fuerte; sed intensa; ataques catalépticos y epilépticos, 22.
-
Marcha extraña, bamboleante, 29.
-
De vez en cuando, sacudidas de todo el cuerpo, 1.
-
Catalepsia, 21.
-
A veces, catalepsia, 29.
-
Hacía las cosas automáticamente, 1.
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No puede evitar chocar con la gente en la calle, 1.
-
Camina inconscientemente de lado por la calle, 1. [770.]
-
Se arrastra sobre las manos o de rodillas al aire libre, 23.
-
Durante la intoxicación, cuando le sobrevenían accesos de risa, golpeaba con los pies y levantaba el cuerpo arriba y abajo sobre el sofá de manera violenta, 1.
-
Cerró los ojos y trató de pensar en algo solemne. Súbitamente sintió como si fuera una estatua de mármol; no tenía capacidad para moverse, y tenía un escalofrío por todo el cuerpo, 3.
-
Se siente como bajo la influencia sedante de un opiáceo (después de tres horas), .
PIEL
-
Formicación, 21.
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Prurito en la cara, el hombro, el abdomen y los pies, aliviado por el rascado, 44.
-
Prurito continuo de la nariz, 44.
-
Prurito en la planta del pie, 44.
SUEÑO Y SUEÑOS
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Somnolencia.
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Somnolencia (después de una hora), 11.
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Somnolencia, modorra, 44.
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Somnolencia diurna, 1. [830.]
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Somnolencia excesiva, 1.
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Gran somnolencia por la tarde, 1.
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Se volvió somnoliento sin excitación ni exaltación previas; es un estado de embotamiento (después de cuatro horas), 5.
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Más somnoliento de lo habitual por la noche (después de catorce horas), 5.
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Se sintió somnoliento durante algún tiempo (después de dos horas y media), 12.
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Modorra, con sensación de frío en el occipucio y el cuello, como si soplara aire sobre ellos, 44.
-
Gran modorra, aun durante el día (segundo día), 7.
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Especie de modorra interrumpida, 40.
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Se sintió soñoliento, y se durmió en un sillón (después de dos horas), 14.
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Por la mañana se sintió soñoliento, y aún bajo la influencia del medicamento; la somnolencia duró hasta la 1:30 P.M., con alternancia de vigilia y sueño, pero la vigilia era un agradable estado de ensueño (segundo día), 8. [840.]
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Al acostarse cayó en un estado de somnolencia, en el que imaginaba que las uñas de los dedos de ambas manos tenían aproximadamente el tamaño de platos, muy curvadas, pero por lo demás de forma natural; al abrir y cerrar los dedos (¿subjetivo u objetivo?) parecía que se deslizaban unas sobre otras como un abanico; y al golpearlas contra una superficie dura (¿subjetivo u objetivo?) se producía una sensación deliciosa, .
FIEBRE
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Friolencia.
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Pérdida del calor animal, 1.
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Frialdad de la superficie (poco después), 36.
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Escalofríos (primer día), 7.
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Un agradable frescor pareció afectar súbitamente a todo el cuerpo, 24.
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Frialdad y escalofríos, con calor externo (segundo día), 7.
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Friolencia general, 1.
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Violento escalofrío con temblores, con los síntomas siguientes: fuerte castañeteo de los dientes; frialdad del cuerpo y de las extremidades; sudoración fría profusa; sensación de cansancio en las extremidades, con dolores en las articulaciones; boca seca, con saliva espesa, blanca y pegajosa; sed intensa; beber grandes cantidades de agua; tambalearse y caer al intentar caminar; golpeteo en la cabeza y el corazón; incapacidad para incorporarse desde una posición inclinada a causa de un peso aplastante sobre el cerebelo, el cuello y el hombro; ceguera, excepto un pequeño punto inmediatamente en el lugar hacia donde mira; pulso extremadamente lento y lleno; impresión de que el techo descendía para aplastarlo; firme convicción de que se está muriendo, pero no puede gritar pidiendo auxilio; caer al suelo y permanecer algún tiempo inconsciente; dormir durante tres noches y tres días después, 1.
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9 A.M., y frialdad glacial en la raíz de la nariz, que aparece al inclinarse hacia delante mientras escribe, desaparece al moverse (tercer día), 44.
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Frialdad de la cara, la nariz y las manos, después de la comida, 1. [900.]
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Frialdad de la mano derecha, con rigidez y entumecimiento del pulgar derecho, 1.
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Frialdad de las manos, los pies, y especialmente de la nariz, después de la comida, con escalofríos, temblores e incapacidad para entrar en calor, .
CONDICIONES
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Agravación.
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( Mañana ), Lengua blanca, etc.; antes de levantarse, moco sobre la lengua; carraspea y expulsa grumos.
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( Tarde ), Se excita fácilmente, etc.; somnolencia.
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( Noche ), Dolores en la uretra.
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( Noche ), Inyección de la conjuntiva ; al acostarse, rumor en los intestinos; micción frecuente.
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( Al subir escaleras ), Opresión del pecho.
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( Estando en cama ), Sequedad de la boca, etc.
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( Al respirar ), Puntadas en el hipocondrio.
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( A la luz de una vela ), Obnubila la conciencia.
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( Café ), Los síntomas, especialmente los del cerebro.
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( Después de la comida principal ), Frialdad de la cara , etc.; frialdad de las manos, etc.
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( Mientras come ), El estómago se siente hinchado, etc.
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( Al rechinar los dientes ), Dolor de dientes.
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( Al reír ), Dolor en los riñones.
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( Al acostarse ), Zumbidos en los oídos.
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( ), Dolor en la pierna.
SUPLEMENTO: CANNABIS INDICA. Autoridades.
28 , Th. Gautier, Historia de los sueños, visiones, etc., Brierre de Boismont, M.D., Phil., 1855, cap. xiv, p. 334 (S. A. Jones, Am. Hom., Obs., vol. xii, 1875, p. 409); 46 , (Berridge), Pharm. Journ. and Trans., 1841, vol. vi., p. 127, un amigo médico lo probó en varios casos; 47 , (Berridge), La Presse, 22 de junio de 1845, dos derviches lo tomaron después de concluir sus plegarias; 48 , (Berridge), Sr. Bartlett, Pharm. Journ. and Trans., 1847, vol. vi, p. 70, un joven tomó una pequeña dosis de extracto; 49 , (Berridge), Chas F. Hodson, Med. Times and Gaz., 1852, vol. iv, p. 450, un muchacho tomó de 1 a 1 1/2 granos de extracto cinco o seis veces al día por tétanos; 50 , Bost. Med. and Surg. Journ., vol. xlvii, 1852, p. 218, un boticario tomó 6 granos; 51 , Historia de los sueños, Visous, etc., Brierre de Boismont, M.D., Phil., 1855, cap. xiv, p. 334 (S. A Jones, Am. Hom. Obs., vol. xii, 1875, p. 409); 52 , Jonh G. Bell, M.D., Bost Med. and Surg. Journ., vol. lvi, 1857, p. 211, tomó una dosis moderadamente grande de extracto con café; 53 , Obs. sur Le Chanvre Indigène, por Prosper Albert, Strasbourg, 1859, tomó 0.03 grm.; 54 , ibid., tomó 0.02 grm.; 55 , ibid., M. L. tomó 0.03 grm.; 56 , ibid., M. L. tomó 0.15 grm.; 57 , ibid., M. C. tomó 25 miligramos; 58 , ibid., el mismo, tomó 0.35 grm.; 59 , F. H. Brown, M.D., bost. Med and Surg. Journ., vol. lxvii 1862, p. 291, C. C. tomó 6 granos de extracto sólido en una hora y cuarto; 60 , (Berridge), Sr. Sherly Hibbard, Intell. Obs., 1863, vol. ii, p. 435, tomó cerca de una dracma en una velada de julio; , G. B. Kuykendall, M.D., ., vol. xxxii, 1875, p. 421, tomó cerca de 1 grano justo antes de la comida principal; , Berridge, ., 1876, N. S., vol. iv, p. 574, Sr. --- tomó 1 dracma de tint.; , Sr. Maximovitch, (, vol. xii, 1877, p. 226); , (Berridge), David Urquhart, , vol. ii, p. 122; , Berridge, , vol. i, 1878, p. 335, Madden y Desgenettes, efectos generales.
MENTE
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Pronto advertí una sensación de decepción. Dije: «Eso no era hachís, sino alguna preparación de chocolate». Tomé la pluma para escribir una carta indignada a mi amigo que me lo había procurado, para que supiera que yo no había sido presa fácil de su plan para engañarme. No sabía cómo comenzar la carta, aunque por lo demás siempre estaba dispuesto a escribir, incluso cuando estaba fatigado, como entonces, por haber pasado dos noches consecutivas en vela leyendo a Jacob Behmen. Por un momento hice una pausa, reflexionando, y entonces los huesos parietales se expandieron ampliamente, como si se separaran en las suturas, y luego volvieron a colapsarse con una especie de ruido sordo y rozante. Dije: «Esto es resultado de la fatiga; he leído demasiado, me iré a la cama». Al levantarme de la mesa advertí una agradable sensación de calor y ligereza; me sentía como si hubiera tomado whisky escocés. La habitación parecía más grande de lo habitual, y seguía haciéndose cada vez más grande; algunos cráneos de animales en las paredes adquirieron proporciones colosales, y entró en mi mente la convicción de que había realizado un antiguo sueño de vivir en medio de los monstruos del período oolítico, y de que había permanecido durante años sobrecogido, inmóvil, paralizado y con todas las facultades entumecidas salvo la del asombro. Alcancé a ver mi reloj colgado delante de unos papeles en la pared, y de inmediato disipó la ilusión. Lo miré con calma y encontré que apenas habían pasado veinte minutos desde que tomé el hachís. Inmediatamente el reloj se expandió hasta vastas dimensiones, y su tic-tac sonó a través de mi cabeza como la pulsación de un mundo. Supe entonces por primera vez que estaba bajo la influencia de la droga, y empecé a hacer unas cuantas notas a lápiz. De pronto, mis miembros parecieron entumecerse, los dedos de mis pies se encogieron dentro de las pantuflas, mis dedos se volvieron como las largas patas de una araña convulsionada; dejé caer el lápiz y caminé hasta la ventana. El paisaje era tan sublime que olvidé, en mi admiración por la escena mágica, la causa de la ilusión. El horizonte se alejaba hasta una distancia infinita, pero seguía siendo discernible, y la puesta del sol lo había señalado con miríadas de círculos ígneos, todos girando, mezclándose, expandiéndose y luego cambiando en una aurora que se elevaba hasta el cenit y caía en chispas y salpicaduras entre los árboles, que en seguida quedaban iluminados, y toda la escena era grandiosa más allá de toda descripción, con fuegos de todos los colores concebibles. Todo este tiempo el paisaje continuó expandiéndose; todo crecía, mientras yo miraba, hasta proporciones cada vez mayores. Los árboles se disparaban más y más alto, sus ramas cubrían el cielo; se encontraban unas con otras y se convertían en una masa confusa; las luces, que instantes antes habían brillado por todas partes, cambiaron a una bruma púrpura general. Una sensación de sacudidas en todos los miembros, unida a un sentimiento de cansancio y abatimiento, me hizo volverme y sentarme. Las sacudidas cambiaron a una aguda sensación de pinchazos, más violenta en las extremidades, y por un momento se me ocurrió que me habían envenenado con estricnina. Abrí un cajón para buscar un emético, pero el cajón había desaparecido y en su lugar estaba sentado, sonriéndome, uno de mis monstruos antediluvianos, un verdadero ictiosaurio, con un gorro rojo en la cabeza y con tambor y siringa. Durante unas seis semanas, así determiné entonces el período, tocó una melodía monótona mientras yo estaba sentado en el suelo riendo y gozando con la idea de que mis dedos de manos y pies se alargaban hasta convertirse en garras, cuando de pronto me asaltó el pensamiento de que destruiría la ilusión con un esfuerzo. Me lancé contra el monstruo, y mi cabeza fue a dar contra el tirador del cajón. El sueño se disolvió; pude comprender claramente que el tic-tac de mi reloj y el canto de un pájaro en el jardín eran los sonidos reales que mi fantasía había transformado en tambores y flautas de mi compañero oolítico. Volví a mirar mi reloj y, aunque parecían haber transcurrido años desde que comenzó el hechizo, encontré que el período real era de sólo veinticinco minutos. Este último acto de observar de nuevo la hora volvió a desequilibrarme. Dije: «Veinticinco minutos, veinticinco días, veinticinco meses, veinticinco años, veinticinco siglos, veinticinco eones; ahora lo sé todo, soy el alquimista que descubrió el elixir de la vida en la Edad Media, y viviré para siempre. ¿Qué es el tiempo para mí? Sí, ése fue el elixir que tomé hace veinticinco minutos para experimentar una sensación, y ahí va dando vueltas por la habitación». Me mareaba verlo girar como una rueda, de la cual yo era el centro. Había un busto de Milton en el estante, que se había transformado en el rostro de Jacob Behmen, y estaba sentado sobre uno de los radios de la rueda, sonriéndome con una sonrisa de tal paz y satisfacción que grité «¡Ja, ja!». La rueda giró; se volvió brillante con coruscaciones ígneas; y poco a poco el centro donde yo estaba sentado se convirtió en la circunferencia, y fui arrastrado con ella, abriéndose y cerrándose mi cabeza, de modo que podía sentir el aire frío sobre mi cerebro; mi respiración haciéndose corta y difícil, mi pecho hundiéndose como aplastado por un peso, y mi estómago roído por ratas. Esto continuó durante eras; sin embargo, supe todo el tiempo dónde estaba y cómo había ocurrido todo, e incluso me levanté, toqué la campanilla y pedí café, aunque ni por un instante cesó la ilusión, ni, por lo que jamás supe, el sirviente que me respondió descubrió señal alguna de mi aberración. Pensé en el café como algo capaz de aliviar la sensación de opresión y desorden, que ahora disipaba rápidamente la ilusión por su realidad. Me tomé el pulso e intenté contarlo. Supe después que era lleno y rápido; pero en aquel momento los latidos eran como el levantarse de montañas, y los números se multiplicaban de tal modo que, mientras contaba «uno, dos, tres», se convertían en «uno, dos, tres años, siglos, edades», y literalmente lancé un grito por el pensamiento abrumador de que había vivido desde toda la eternidad y viviría hasta toda la eternidad, en un palacio de estalactitas coloreadas, sostenido por columnas de esmeralda que descansaban sobre un mar de oro líquido; pues ése era ahora el aspecto de las cosas, y el roer de mi estómago sugería la idea de que moriría de hambre y, sin embargo, viviría como la ruina deforme de un hombre engañado. En este momento llamaron a la puerta y entró el sirviente con el café. Estaba en un enorme jarro cincelado todo con dragones, que se extendían alrededor del mundo entero, y vi el olor jugar alrededor de ella en círculos de luz, y durante al menos una hora permaneció sonriendo y vacilando dónde colocarlo, porque mi mesa estaba cubierta de papeles. Aparté unos pocos papeles y lancé un suspiro que disipó los dragones, hizo caer los olores en una lluvia, y ella dejó la bandeja con un estrépito que hizo vibrar todos los huesos de mi cuerpo, como si diez mil martillos me hubieran golpeado. No sé si se alarmó por mi aspecto, pero quedó aparentemente espantada, y su rostro rosado se expandió hasta el tamaño de un globo, y se fue con la rapidez del relámpago, con el señor Green en el carruaje, mientras yo permanecía aplaudiendo en medio de miles de lámparas, que tuve tiempo de advertir, mientras la escena continuó durante un período que parecía indefinido, que eran todas luciérnagas, las cuales podía tocar, y comunicaban a mis dedos chispas fosforescentes, como si hubiesen sido frotados con cerillas de fósforo. [Sólo unos pocos días antes yo había tenido algunas luciérnagas en el jardín y, al manipularlas, encontré las puntas de mis dedos cubiertas por un resplandor fosfórico apagado. Esto probablemente dio origen a la ilusión. De hecho, después rastreé muchas de mis sensaciones durante el paroxismo a sucesos previos, y casi creo que las ilusiones son el resultado de una memoria anormal.] Pero yo sabía que aquello era irreal, y bebí el café con la más perfecta compostura, aunque me resultó difícil servirlo sin derramarlo, y la taza llegó a mis labios como si fuera el borde de un caldero que hervía con un guiso de especias y nepente; y, entre el vapor, podía ver desplegadas la fiereza, la acritud y la de Jacob Behmen, de modo que el misterio terminaba y yo podía ver dentro de su cerebro, como él parecía ahora mirar dentro del mío. En el momento en que sorbí el café, éste me atravesó y causó una sensación de ardor insoportable. La sensación de roedura en el estómago y de contracción del pecho cedió a una sensación de pinchazos, más violenta en dedos de manos y pies, y, sin embargo, aunque dolorosa, todo ello era agradable; y, aunque ahora podía observar en conjunto los objetos que me rodeaban, éstos se transportaban a distancias inconmensurables y seguían dilatándose continuamente de tamaño; y, aunque miraba mi reloj y veía que sólo habían transcurrido cuarenta minutos, había en mi mente una secreta persuasión de que al menos cuarenta siglos habían pasado desde que rompí un fragmento de hachís y me entregué a este sueño. Parecía quedar entonces sólo un efecto de la droga, y era una sensación de calor por todo el cuerpo, y una tendencia en mi cabeza a expandirse y llenar la habitación. Pero mis brazos caían; no podía mantenerlos levantados sin un esfuerzo grande y doloroso. Terminé el café, experimenté menos sensación de pinchazos que al principio, y entonces me levanté y me fui a la cama. Podía caminar sin dificultad, aunque mis piernas eran inmensamente largas y sentía que pronto se acalambrarían, de modo que gritaría. Mientras me desvestía, mi ropa se alejaba volando de mí hacia el espacio sin límites y se convertía en estrellas errantes; los botones de mi chaleco brillaban en el firmamento como Orión, pero mucho más vasto y espléndido. No me atreví a mirar por la ventana. Procuré dominarme, porque empecé a sentir una sensación de temor. Al meterme en la cama, la cama se extendió. Al acostarme de cuerpo entero, yo mismo me extendí; y tan pronto como cerré los ojos sentí que cubría el espacio de toda la tierra. Tuve una sensación de dolor indescriptible por todas partes. Mi piel parecía moverse de un lado a otro sobre mi carne; mi cabeza se hinchó hasta dimensiones espantosas, y me partí en dos de la cabeza a los pies; me convertí en dos personas, cada una palpitando, respirando con dificultad, suspirando ruidosamente y perdida en una mezcla de colores y sonidos etéreos, pero agonizantes. Todo ello pareció continuar durante eras; pero en realidad yo estaba dormido, y nunca pude recordar a qué hora me fui a la cama, ni en qué punto del delirio me sobrevino el sueño; siempre supuse que fue cuando me sentí partido en dos y sumergido en luz y música. Al día siguiente desperté temprano, y aparentemente sin sentirme reparado. Permanecí algunas horas reflexionando sobre los extraños efectos que la droga había producido, y durante algún tiempo me resultó difícil impedir que algunos fragmentos rotos de las visiones se inmiscuyeran y se apoderaran de mí; pero cuando me hube vestido y desayunado me sentí tan bien como de costumbre. En un segundo experimento, sin estar afectado por la fatiga, advertí que toda facultad física y mental parecía intensificada. Las ilusiones eran más agradables y más ridículas. Fui sujeto de mil estados de ánimo diferentes en el curso de unos pocos segundos que, como en el caso anterior, parecían eras; y estos estados de ánimo eran casi siempre absorbidos por alguna visión extraña de muros que retrocedían, paisajes que se alejaban rodando hacia un horizonte al que nunca llegaban, cielos que se abrían a vistas de espacio ilimitado, y repentinos destellos ante los ojos de olores, sonidos e ideas visibles. La característica más notable de este paroxismo fue la sensación de que mi alma era demasiado grande para mi cuerpo y debía expandirlo hasta dimensiones adecuadas. Esto me causaba dolor. Jadeaba por el aire y sentía que mi piel se estiraba y se agrietaba, y que mis articulaciones estallaban como el crujir de enormes vigas de madera. Estas ilusiones se convirtieron instantáneamente en el fundamento de otras. El crujido de mi piel se volvió de repente un despliegue de fuegos artificiales, y el estallido de mis articulaciones, el batir de gongs. Sin embargo, prevalecían sensaciones placenteras; viejos recuerdos resucitaban como imágenes; y en muchos aspectos los efectos se parecían a los de . Pero con hay una aquiescencia más completa y más estable a las ilusiones, y las ideas son más continuas y relacionadas. Con el hachís hay una rápida sucesión de escenas nuevas y combinaciones sorprendentes. Cuando no hay dolor, la mente es literalmente arrebatada en una sucesión de deleites embriagadores y, sin embargo, todo el tiempo es consciente de que todo el asunto es un engaño. Este paroxismo terminó pronto. Acabó en una sensación gozosa, en la que la vida parecía prolongarse más allá del término natural, y a mi alrededor había objetos de belleza trascendente, que yo tenía el poder de resolver en realidades mediante un esfuerzo de la voluntad; y parecía que usando sucesivamente este esfuerzo se rompía el hechizo y el efecto de la droga quedaba enteramente destruido. La tercera dosis (de 4 escrúpulos) fue la última. La tomé al mediodía, estando en mi salud y ánimo habituales. En seguida salí y crucé Finsbury Square en dirección a la ciudad. Parecía que había transcurrido alrededor de un cuarto de hora, durante el cual tuve una agradable sensación de calor y una tendencia creciente a abrir la boca para tomar aire, aunque no era consciente de ninguna dificultad para respirar. «Ahora», dije, «esto es agradable; lo pasaré gloriosamente». Inmediatamente una voz gritó: «Ahí va, siempre hinchado». Al punto tuve conciencia de que los transeúntes observaban que yo me expandía rápidamente, y sentí que me elevaba del suelo y caminaba por encima de él. Me detuve y, con un esfuerzo de la mente, me recompuse, y hallé que la voz era la de un hombre que vendía algunas mercancías en Moorgate Street, que ni siquiera me había notado, ni nadie más tampoco. Pero en seguida se me ocurrió el pensamiento: «Esto es un delirio; me estoy expandiendo y no puedo tocar el suelo». Por un momento, quizá, aunque pareció un período indefinido, vi toda la ciudad extendida ante mí como un diorama. Las campanas de las iglesias sonaban gozosamente; las casas estaban iluminadas; los caballos tenían arreos de oro y plata; la gente bailaba valses, cantaba, reía y jugaba con fuegos artificiales. Volví a ejercer mi voluntad y sentí disgusto ante la mezquindad de semejante espectáculo, tan por debajo estaba de mi propio sentimiento de sublimidad; pues me sentía exaltado y tenía la máxima conciencia de poder separar lo falso de lo verdadero, aunque en realidad no podía. Desanduve mis pasos, y me acompañaron a casa bandas triunfales de música, gritos de triunfo, lacayos corriendo con antorchas de colores; y gradualmente apresuré mi paso hasta correr también yo, tocando el suelo sólo a intervalos, pero la mayor parte del tiempo nadando por el aire; sabiendo, sin embargo, que caminaba como las demás personas, y sabiendo también que los sonidos y escenas ordinarios de la calle eran el fundamento del delirio. Llegué a mi casa y fui a mi estudio, con una sensación de satisfacción por hallarme ahora en una posición más segura que en las calles bajo semejante influencia. Me senté y empecé a llenar una pipa con tabaco turco. La pipa se alargaba de tal modo que yo no podía alcanzar la cazoleta, y, sin embargo, la alcanzaba; y, del mismo modo, la tabaquera parecía lo bastante profunda para servir como una de las usadas en «Alí Babá, o los cuarenta ladrones»; y de pronto se convirtió en una fila de tarros, y de ellos saltaron los cuarenta ladrones, con caras de monos y chaquetas rojas. [Durante mi paseo había visto un mono sobre un organillo y comprobé mi cordura observando todas sus características zoológicas para determinar la especie, pero de pronto lo perdí.] Encendí la pipa y, al elevarse la nube, vi que todos los del grupo habían encendido sus pipas, que eran auténticos árabes y que yo estaba en medio de ellos a punto de contarles una historia. Por algún extraño capricho, todos ellos se derrumbaron de pronto y se convirtieron en mi doble, y, sin embargo, siguieron fumando. Vi entonces en el estómago de mi doble una enorme torta de hachís, que enseguida subió disparada a su cerebro, y sentí un latido ardiente en la cabeza, y se me ocurrió: «Pero si él tiene el hachís, ¿por qué tengo yo el ardor, y cómo puede esa sombra fumar tan tranquilamente con una masa de veneno en el cerebro?». Me levanté y propuse a mi doble un problema: «¿Cómo, al fin, la materia y el espíritu serían completamente identificados y hechos uno?». Se me aseguró, en respuesta, que una sensación de ligereza lo realizaría todo, y me volví ligero como una pluma; me balanceé de un lado a otro, fui levantado, destellaron chispas en mis ojos, salió fuego de mis dedos, cabeza y estómago, y en seguida hubo un espantoso estruendo, y volví en mí con la idea de que me estaba volviendo loco. Vi la pipa hecha pedazos a mis pies, y el tabaco encendido sobre la alfombrilla del hogar. Lo recogí serenamente con la mano, tomé otra pipa, dejé caer en ella el tabaco humeante y volví a ver a mi doble. Esta vez él era el cuerpo y yo era la sombra. Me sentí como nada. Yo era el alma, y a mi lado estaba el cuerpo. Pensé que ahora había resuelto el problema de la materia y el espíritu; dije: «Son sólo dos formas del mismo hecho»; y me reí en voz alta, y todos se rieron conmigo, quiero decir los paraguas, pues mi paraguas colgaba en un perchero para sombreros y pobló la habitación con su descendencia; y allá fueron los muebles, los adornos y los libros, todos llevando paraguas, bailando, silbando y salpicándome con agua de los charcos, hasta que golpeé el suelo con el pie y me envolví en chispas y planetas y auroras, y me dejé caer hacia atrás con un dolor de cabeza que disipó literalmente los delirios y creó una alarma momentánea. Estaba ahora acosado por pinchazos; parecía hincharme; tenía dificultad para respirar, y sin embargo era una dificultad agradable. Guardé el tabaco, inspeccioné todo lo que había a mi alrededor y pensé en probar los efectos de leer en voz alta e intentar cantar; pero hallé mis fuerzas desaparecidas, estaba como hechizado, tan ligero que no podía gobernar mis movimientos, y poco a poco empecé a descubrir que la ilusión había terminado, que me había dejado trémulo, con pulso bajo y necesitado de algo reparador para recuperarme. El primer acto, al revisar serenamente el caso, fue apoderarme del fragmento de hachís que quedaba y arrojarlo por la chimenea. Subió, y ni siquiera volvió otra vez. Lo vi ir hacia el cielo y convertirse en un pájaro, pues la chimenea era de cristal y podía ver a través de todos sus recodos. Entonces sentí que la locura realmente había caído sobre mí, y empecé a mojarme las sienes y a beber agua de soda, y pronto descubrí que había tenido un segundo paroxismo, pues allí yacía el hachís entre las virutas de la chimenea. Acerqué una cerilla; hubo una llama gloriosa; y ahora lo vi disolverse en una gran procesión de luces de colores, que se extinguieron y me dejaron reflexionando tranquila y serenamente sobre todo el asunto. Éste fue el tercer paroxismo. Hubo aún uno más, pero de naturaleza trivial, y con ello terminé con el hachís, .
CABEZA
-
La peculiar sensación de vértigo que produce aumenta al caminar y cede durante el reposo, 46.
-
Sensación de giro en la cabeza, 53.
-
Tensión y pesadez de la cabeza, 53.
-
Tensión en la cabeza, 54.
-
Presión en las sienes, 58.
OJO. [920.]
-
Ojos brillantes (después de una hora), 55.
-
Estrabismo divergente, 53.
-
Hormigueo en los bordes de los párpados, 57.
-
Conjuntivitis, 49.
CARA
-
Cara congestionada, 56. [930.]
-
La cara se enrojeció, con esfuerzos para vomitar, 53.
-
Temblor de los labios, 54.
-
Constricción de las mandíbulas, 58.
-
Le parecía como si tuviera que apretar con fuerza las mandíbulas, 54.
BOCA
GARGANTA
-
Sensación de fuego devorador en la faringe y el esófago, 53. [940.]
-
Ardor en la garganta al inspirar aire, 53.
ESTÓMAGO
DEPOSICIONES
- Al día siguiente no hubo evacuación intestinal, 62.
Órganos respiratorios
PECHO
- Sensación de constricción en el pecho, 54.
CORAZÓN Y PULSO
-
Palpitación intensa del corazón, 53 . Pulso 100 (antes de tomarlo); 140 (después de una hora); 92 (después de tres horas), 56. [950.]
-
Pulso 80, regular (antes de tomarlo); se volvió muy acelerado, 130, e irregular; después pequeño, contraído, 53.
-
Pulso 75 (antes de tomarlo); subió hasta 120, se volvió pequeño e irregular, 54.
-
Pulso 70 y regular (al tomarlo); 115 (después de una hora), 55.
-
Pulso 78, regular (antes de tomarlo); después 120, 57.
-
Pulso 72 (antes de tomarlo); ascendió a 125 y se volvió irregular, 58.
CUELLO Y ESPALDA
EXTREMIDADES
-
Contracciones de los brazos y las piernas, 53.
-
Sensación de rigidez en las extremidades, 53.
-
Temblor de los brazos, 54. [960.]
-
Incoordinación de los movimientos de las extremidades inferiores, 53.
-
Contracciones involuntarias de los tendones de los pies, 53.
GENERALIDADES
FIEBRE
-
Estremecimientos generales frecuentes, 53.
-
Friolencia en las extremidades, 54.
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Pirexia, 49.
-
Piel seca y caliente, 53. [970.]
-
Calor de la cara, 54.
APÉNDICE: CANNABIS INDICA El editor ha juzgado conveniente conservar la agrupación natural y la secuencia de los siguientes fenómenos, registrados por el Dr. Edgar Holden en su trabajo sobre el esfigmógrafo (Filadelfia, 1874), preservando así la asociación de algunos síntomas generales con el estado del pulso.
9.15 P.M. Vigoroso y bien. Primer trazado normal, liso y uniforme (no registrado), se toman 5 granos.
9.35. Se percibe una sensación de ligereza. (Trazado 181.) Dos registros, a 0° y 2 1/2°. [Estos grados se refieren a la presión del instrumento sobre la arteria, regulada a voluntad; 0° equivale a 100 gramos; 2 1/2° equivale a 186 gramos; 5° equivale a 690 gramos.] Frecuencia disminuida.
10 P.M. Nervioso y excitado. (Trazado 182.) Dos registros a 4 1/2°. Oscilación singularmente marcada; tensión aumentada; amplitud y frecuencia disminuidas.
10.05 P.M. Súbita liberación de toda sensación inusual. (Trazado 183.) Dos registros que muestran un súbito retorno a, o más bien aproximación a, una condición normal.
10.15 P.M. 7 granos más.
10.40 P.M. Excitado. (Trazado 184.) El registro a 2 1/2° muestra resistencia capilar y onda de retroceso.
11.45 P.M. (Trazado 185.) Dos registros a 2 1/2° y 0° dieron resultados similares, indicando repleción venosa. Frecuencia aumentada.
11.50 P.M. Somnoliento y tranquilo. (Trazado 186.) Registro a 2 1/2°.
11.55 P.M. (Trazado 187.) Registro a 2 1/2°; ambos de estos últimos muestran alteración de la fuerza propulsora del corazón.
Cantidad total, 12 granos en dos horas.
2 de noviembre de 1872, 9.15 P.M. 30 gotas.
9.15 P.M. Comienza una indefinible sensación de bienestar. 9.20, 9.25 y 9.45 P.M. (Trazado 188.) Registros tomados todos con la misma presión. A la última de esas horas, la amplitud comenzó a mostrar aumento de tensión.
9.45 P.M. 40 gotas más.
10 P.M. Ligeramente eufórico. 10.15. Algo somnoliento. Los trazados a las 9.50, 10 (trazado 189) y 10.15 P.M. (trazado 190) muestran únicamente aumento de tensión, con, a la última de esas horas, disminución de la frecuencia equivalente a diez latidos.
10.20 y 10.25 P.M. (Trazado 191.) Tensión y frecuencia variables.
10.25 P.M. Todos los efectos aparentemente desaparecidos. 40 gotas más.
10.45 P.M. De nuevo eufórico. (Trazado 192.) Los registros muestran gran aumento de la tensión arterial.
11 P.M. Somnoliento, pero no agradablemente, ni como por deseo de dormir. (Trazado 193.) Frecuencia muy aumentada, equivalente a treinta latidos, y descendiendo en cinco minutos otros tantos; tensión menor.
11.05 P.M. (Trazado 194.) El registro muestra aumento de la excitación cardíaca al comienzo de la sístole, con alguna obstrucción, ya proximal o distal.
Cantidad total, 110 gotas.
5 de noviembre de 1872, 9 P.M. Se siente bien. 100 gotas. Trazado normal.
9.10 P.M. (Trazado 195.) La amplitud, y por consiguiente la tensión, aumentadas; la frecuencia disminuyendo de modo constante hasta las 9.45. Trazados a las 9.30, 9.45.
10 P.M. No se experimentan efectos. 120 gotas más.
10.10 P.M. (Trazado 196.) Tensión disminuida y oscilación de afección cerebroespinal. Este trazado, por accidente al transferirlo, no logra mostrar esto excepto en la primera onda.
10.15 P.M. Lo mismo.
10.35 P.M. (Trazado 197.) Obstrucción, ya próxima o remota.
10.40. (Similar al trazado 195.) Obstrucción en disminución.
10.45 P.M. Muy poco efecto. 200 gotas más.
11.15 P.M. (Trazado 198.) Tensión disminuida y sedación evidente, pero frecuencia ligeramente aumentada.
11.18 P.M. Ningún efecto en absoluto. Lo mismo.
Cantidad total tomada, 420 gotas.
9 de noviembre de 1872, 9.50 P.M. No se siente tan bien como de costumbre, debido al exceso de trabajo; por lo demás, bien. Se toman 12 granos de extracto fresco.
10.15 P.M. Un poco nauseado y con los ojos pesados.
10 y 10.15 P.M. Los trazados mostraron disminución de la frecuencia y de la tensión y, al no encontrarse bien, se halló que una presión de 0° era la mejor para la observación, en lugar de 2 1/2°, como hasta entonces.
10.30 P.M. Se siente cómodo y bien. (Trazado 199.) Frecuencia aún menor; pulso pequeño, pero normal, mostrando sedación.
10.45. Efecto en desaparición; pulso algo excitado. Se toman 14 granos más.
11.25. Durante unos minutos, euforia; luego muy somnoliento, pero sin menoscabo de la voluntad.
11.25 y 11.40 P.M. (Trazados 200 y 201.) Los registros mostraron gran debilidad de la fuerza cardíaca, siendo difícil obtenerlos aun a 0°.
11.45 P.M. Somnolencia desaparecida, y me siento libre de todo efecto. 11.45, 11.48 y 11.50 P.M. (Trazado 202.) Los registros tomados mostraron una súbita disminución de la frecuencia y la tensión, y un aumento igualmente súbito.
12.50. Excitación terrible, sacudidas, sueños, etc.; sensaciones como de hinchazón de la cabeza, insomnio doloroso y sensación de temeridad desesperada.
10 de noviembre. (Trazados tomados el día siguiente al uso del medicamento.)
7.50 A.M. La acción peculiar del medicamento aún es evidente, cabeza hinchada, confusión de ideas, etc. Trazados pequeños y que muestran debilidad del corazón.
12.30 M. He estado dormido y me siento mejor; la influencia está desapareciendo. (Trazado 203.) Lo mismo, pero mostrando también el ligero dicrotismo de la dilatación capilar.
Cantidad total tomada, 26 granos. Tiempo, dos horas y cuarenta minutos.
SINOPSIS DE LOS EFECTOS. Primer experimento.
-5 granos, 9.15. A los veinte minutos, frecuencia disminuida; a los cuarenta y cinco minutos, marcada perturbación cerebral, manifestada en la oscilación y en la amplitud y frecuencia mínimas, con tensión aumentada.
Máximo efecto de la primera dosis a los cuarenta y cinco minutos. A los cincuenta minutos, súbita cesación del efecto.
Siete granos, 10.15.
Máximo efecto de la segunda dosis a los treinta minutos. A los treinta y cinco minutos, trastorno capilar y aumento de la tensión, con aumento de la frecuencia. A los cuarenta minutos, comienzo de alteración del impulso cardíaco, continuando dos horas desde la administración del remedio.
Segundo experimento.
-30 gotas de tr., 9.15 P.M. A los treinta minutos, aumento de la tensión.
Cuarenta gotas más, 9.45. A los sesenta minutos desde la primera dosis, frecuencia disminuida; gran tensión arterial. A una hora y diez minutos, irregularidad de la tensión y la frecuencia, con aumento de la prominencia de las ondas, mostrando estimulación cerebroespinal.
Cuarenta gotas más, 10.25. A una hora y cuarenta y cinco minutos, gran aumento de la frecuencia, equivalente a treinta latidos; descendiendo otros tantos en cinco minutos más, con tensión reducida. A una hora y cincuenta minutos desde la primera dosis, evidencias de aumento de la irritabilidad del corazón, con alguna obstrucción, ya proximal o remota.
Máximo efecto de la tensión a los treinta y cinco minutos; de la irritación a los treinta y cinco minutos; de la frecuencia a una hora y cuarenta y cinco minutos; de la disminución de la fuerza, a una hora y cinco minutos; de alguna obstrucción para la circulación, a una hora y cuarenta y cinco minutos.
Primer experimento.
-5 granos, 9.15. A los veinte minutos, ligereza. A los cuarenta y cinco minutos, nerviosismo y excitación. A los cincuenta minutos, súbita liberación de todo efecto.
Siete granos, 10.15. A los veinticinco minutos, excitación. A los noventa y cinco minutos, somnolencia y calma.
Máximo efecto, desde la primera dosis, máximo de excitación a los cuarenta y cinco minutos; desde la segunda, máximo de excitación a los veinticinco minutos; máximo de efecto sedante a los doce minutos.
Segundo experimento.
-30 gotas de tr., 9.15 P.M. A los treinta minutos, calma. A los cuarenta y cinco minutos, euforia. A una hora, somnolencia.
Cuarenta gotas más, 9.45. A los veinte minutos de la segunda dosis, nueva excitación.
Cuarenta gotas de nuevo, a las 10.25. A los treinta y cinco minutos, somnolencia.
Máximo efecto de la euforia en este experimento a los cuarenta y cinco minutos desde la primera dosis; máximo de la somnolencia, a una hora; de la euforia después de la segunda dosis, a los veinte minutos; de la somnolencia, a los treinta y cinco minutos.
No es necesario dar la sinopsis de los dos experimentos posteriores con Cannabis Indica. Puede decirse brevemente de ellos que las dosis fueron grandes y repetidas a intervalos de casi una hora. En el primero de ellos, el efecto fue aparente en el trazado a los diez minutos, y resultó una disminución constante de la frecuencia, hasta que a los cuarenta y cinco minutos aparecieron evidencias de afectación del sistema nervioso. A los treinta y cinco minutos después de la segunda dosis aparecieron evidencias de alguna obstrucción para la circulación, ya cerca del corazón o en los capilares, y después de haberse tomado 420 gotas, la tensión arterial quedó muy disminuida, con aumento correspondiente de la presión venosa y sedación marcada, exactamente dos horas y quince minutos desde la primera dosis, y treinta desde la última y mayor.
Finalmente, súbita cesación del efecto.
En el último experimento detallado, en el que nuevamente se empleó un extracto alcohólico fresco, se observaron los siguientes hechos.
Primero. Los trazados, anormales al comienzo por el malestar, se volvieron normales en cuarenta minutos, con sedación marcada y frecuencia disminuida. A los cincuenta y cinco minutos comenzó la fase de euforia, momento en el cual se tomó una dosis mayor. Después de cincuenta y cinco minutos, la fuerza impulsiva del corazón estaba evidentemente debilitada, y poco después comenzó una vacilación, por igual, del equilibrio, de la presión y de la debilidad.
En una hora y cuarenta y cinco minutos, el sistema nervioso quedó quebrantado por la excitación de reacción, estado que duró tres horas.