Naja tripudians
por Richard Hughes & Jabez P. Dake — Enciclopedia de Patogenesia Medicamentosa
Referencia histórica para profesionales y estudiantes. Las afirmaciones que aparecen a continuación reflejan las enseñanzas homeopáticas del autor mencionado y no demuestran la eficacia del tratamiento. Este texto no constituye asesoramiento médico ni debe sustituir un diagnóstico o una atención adecuados.
Volumen III — Texto principal
- Patogenesias, — I. a. El Dr. Stokes, æt. 37, corpulento y robusto, hizo una pasta con la 1.ª trit. y un poco de agua (blanda), y, con una punta de vacunación limpia, introdujo parte de esta preparación en 3 punciones hechas con lanceta en la parte anterior del antebrazo izq.; también frotó parte de la trit. en una de las heridas. (Esto fue el 7 de nov. de 1852, a las 9.30 a.m.) Siguió una sensación indefinible de «malestar general», con ligereza de cabeza, leve, que duró alrededor de ^ h. 11.15, ligero dolorimiento en los dedos anular y meñique de la mano d., seguido de una sensación peculiar, como de golpeteo, en la parte media del tríceps del brazo izq. 12.30, inoculó el veneno en una herida nueva de la parte superior del brazo izq. Siguieron un hormigueo fino en piernas y pies mientras permanecía de pie; ligero dolorimiento en la cara posterior de los muslos; presión ardiente en un punto de la parte posterior de la garganta, durante varias h. por la tarde; sensación opresiva y tirante en diversos puntos de las extremidades inferiores y los pies, varias veces. Hubo sensación de cansancio en las vértebras cervicales y dorsales, con el peculiar ardor que suele acompañar a la postración, durante todo el d. 8.º. — Presión fuerte sobre el pecho, justo por encima del pezón d., p.m. 9.º. — Tirantez reumática en el hombro izq., m. A las 10 a.m. inoculó bien una punción de la parte superior del brazo izq. con la pasta de veneno y sintió inmediatamente el mismo malestar general de la primera vez, que duró ^ h.; después, dolores lancinantes sordos que ascendían por el occipucio y punzadas muy finas en la ceja izq. Desde el 7.º hasta el 14.º, el alcohol le afectaba fácilmente y el sueño estaba interrumpido y perturbado.
b. 14.º. — Mezcló 6 dr. de la 2.ª dil. en J"] de agua y tomó j^u durante la mañana, sin efecto. 15.º. — Tomó 2 dosis. En la e. sintió un dolor momentáneo que se lanzó desde el ilion izq. hacia delante, hasta los músculos abdominales. En el pecho d., punzadas sordas y calientes en multitud de puntos de la mitad anteroinferior, desde la 5.ª costilla hacia abajo, con calor que se extendía por los bronquios hasta la laringe; inmediatamente apareció una tos fuerte, que duró i h. y terminó con la expectoración de un poco de moco espeso. 16.º. — Tristeza o disposición seria este d. y los dos siguientes. 17.º. — Tomó Jj. 18.º. — Mezcló 6 dr. de la 3.ª dil. en ^^j de agua; tomó ^^j en la e. y poco después sintió punzadas en el estómago. 19.º. — Tomó 2 dosis de ^j cada una. E., de 6 a 8, muy friolento; no podía apartarse del fuego; después, mejor. En la m., malestar y presión en la vejiga. Tristeza e irresolución. 20.º. — Dolor punzante en el estómago después de comer. Tomó 5'j hoy. 21.º. — E., constricción asmática del pecho durante ^ h., que terminó con expectoración mucosa. c. 24 de feb. de 1853, olió la 1.ª dil. Poco después, presión en la parte superior del esternocleidomastoideo d., que se extendía hasta el ángulo de la mandíbula, durante 5 m. E., melancolía; comenzó a representarse posibles agravios y desgracias, sobre los cuales rumiaba la mente; por momentos, muy desdichado. 25.º. — Sensación de una deposición voluminosa en el recto, aunque, al evacuarla, fue pequeña. 11.30 a.m., 8 glób. de la 2.ª potencia. Muy poco después, ardor en los oídos. E., al caminar, postración súbita de las fuerzas en las extremidades, durante i h. 26.º, 27.º. — Cada d., 12 glób. de la misma; sin síntomas. 28.º. — Una dr. de la 2.ª dil. 3 de marzo. — Durante 3 d., sensación como si faltara algo en la región precordial. Intentó cantar, pero carecía de fuerza para proyectar la voz. Ayer y hoy, muy desdichado; una causa leve lo pone
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en una verdadera agonía de sufrimiento mental por otra persona; hay sensación de depresión y abatimiento en torno al corazón; la mente rumia desgracias imaginarias. Deseo de estimulantes, que agravan el estado; memoria confusa; dolores lancinantes que bajan por las piernas y hormigueo en los pies. Mejor en la e. Durante varios d., prurito en la cicatriz de una úlcera. 4.º. — 1 dr. de la 2.ª dil. sobre la lengua. Sin síntomas. 5.º. — 3 dr. Se crea desgracias imaginarias y se atormenta por ellas (2 h.). Pequeña tumefacción semejante a un furúnculo en el dorso del meñique d.; desaparece en 3 d. 6.º. — Poca inclinación al sueño; el cerebro parecía irritable. Ayer, gran deseo y capacidad para caminar; hoy, reacción. Durante 10 m. por la m., presión y arcadas en la garganta. Dolores opresivos bien definidos en los músculos pectorales izq. durante unos pocos m., a.m. 12.º. — Ayer y hoy, la narina d. está extremadamente dolorida; la siente como si estuviera ulcerada. Tomó 6 dr. de la 2.ª en agua. Después de cada comida, presión como de piedras en el estómago, con acidez.
En agosto, la marca de la punción principal del brazo aún estaba lívida. (Brit. Journ. of Hom., xi, 95, 596.)
- a. Rosa, æt. 19, robusta y sanguínea, fue inoculada por el mismo, el 8 de nov., en la parte superior del brazo d. Gran dolorimiento que ascendía por todo el brazo hasta el hombro durante todo el d.; carácter más irritable de lo habitual; cara ruborizada en la e. y con calor ardiente. 9.º. — Garganta seca al despertar; cara roja al levantarse y cubierta de nódulos duros, como en la erisipela; esto desapareció después de lavarse. Se presentó al desayuno con pequeñas pápulas sobre una base inflamada en la punta de la nariz, que estaba dolorosa; no desaparecieron hasta el 14.º.
b. 14.º. — Tomó 1 dr. de la 2.ª dil. Al d. siguiente apareció una espinilla en el labio superior y, por la m., los párpados estaban hinchados. El 18.º, otra espinilla en el ala nasal izq.
c. 17 de ene. — Tomó 3 glób. de la 4.ª tres veces al d. durante una semana. Después de la 1.ª dosis, tirantez y cansancio en las extremidades al caminar, con ligera cefalea frontal. Nada más, salvo el día 20, cuando el cuello y el cuerpo se cubrieron de pequeñas vesículas blancas sobre una base inflamada, muy pruriginosas; desaparecieron en una h. Desde el 27 tomó la 6.ª dil. durante una semana, pero sin efecto. (Ibid., p. 96, 598.)
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J. McS—, æt. 38, comenzó a tomar veneno de cobra el 4 de agosto. Dosis: gtt. iij de la 2.ª potencia en 3j ^^uar. En la e. se sintió cansado y somnoliento; tuvo que retirarse a las 9 p.m. Se durmió inmediatamente después de acostarse. 5.º. — Termómetro a 62°. Despertó con molesto cosquilleo en la laringe, con náuseas, estornudos y tos. 2 p.m., tomó gtt. iij como antes. Continuó el cosquilleo, con expectoración escasa de moco insípido. 6.º. — Termómetro a 69°. Jadeó en busca de aire durante todo este d., el de ayer y el anterior, pero especialmente hoy, con varias inspiraciones profundas. A las 10 p.m. tomó gtt. iij como antes. 7.º. — Despertó temprano con carraspeo de moco viscoso. 2 p.m., tomó gtt. iij. El cosquilleo continúa, pero es menor. 8.º. — A la 1 p.m. tomó gtt. iv e inmediatamente después sintió aumentada la sensibilidad dolorosa sobre la tráquea. Jadeó en busca de aire tanto ayer como hoy (term. 66°); durante varias h., sensación como si hubiera un cabello en la tráquea. 9.º. — Term. 66°. 2 p.m., tomó gtt. v y poco después sintió sensibilidad dolorosa aumentada en la garganta y sobre el esternón, que duró todo el d. 10.º. — Term. 66°. Hoy, una úlcera en el frenillo de la lengua. Esta m., al despertar, expectoró abundantemente un moco viscoso blanquecino. Poco después del mediodía tomó 12 dr. Casi mientras tomaba el medicamento sintió que todos los síntomas anteriores aumentaban mucho, a los que se añadió una sensación de vacío en toda la cabeza, que continuó durante varios d. y lo llevó a abandonar las demás patogenesias. (M. Hom. Rev., iii, 162.)
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a. El Dr. Rutherford Russell, el 31 de ene. de 1853, en cama a las 6 a.m., tomó en un poco de agua 1 gr. de la 1.ª trit. En 6 m., malestar en el estómago, que desapareció pronto. Mientras dormitaba, lo despertó una sensación súbita de ahogo, una especie de asimiento en la garganta; unos pocos m. después sintió una sacudida súbita del masetero izq. Al cabo de alrededor de j h. tuvo un latido cardíaco inusual, audible para él mismo. Ningún otro efecto ese d. 1.º de feb. — A las 7 a.m. tomó la misma dosis. Poco después, ligera palpitación cardíaca y molesta sequedad de las fauces. 2.º. — Tomó lo mismo a las 6 a.m. En 20 m., constricción molesta o irritación de la laringe, que provocaba deseo de toser; esto reapareció varias veces. El d. anterior se había sentido algo deprimido de ánimo, sin causa evidente, y hoy tenía gran depresión; también zumbido silbante ocasional en el oído izq., con sabor insípido, casi nauseoso, en la boca y, de vez en cuando, dolor lacerante en el abdomen. 3.º. — A las 6.30 a.m. tomó la misma dosis, seca, sobre la lengua. Pronto sintió una punzada bastante aguda en la laringe, con deseo de toser. Al cabo de alrededor de \ h., sensación tirante dolorosa en la mandíbula d.; en el punto de la lengua donde cayó el polvo hay sensación de irritación, como si fuera a formarse una ampolla; dolores ocasionales en los intestinos durante el d.; ánimo muy deprimido. Durante los 2 d. siguientes tomó la misma dosis, pero no se observó efecto alguno. Sobrevino entonces un catarro, que obligó a interrumpir la patogenesia.
b. El 3 de mayo reanudó las dosis matutinas diarias de 1 gr. de la 1.ª trit. y las continuó hasta el 7.º. Poco después de la dosis del día 3, retortijones en el abdomen izq. durante unos 10 m. y unas cuantas punzadas en la región temporal izq. Durante los días 6 y 7, especialmente este último, tuvo considerable dolor en la frente, que lo despertaba por la n., y despertó con él en la m. del día 8. El dolor iba acompañado de aleteo cardíaco; era sordo, con punzadas ocasionales en las eminencias frontales. La lengua estaba saburral, con una gruesa capa amarilla. El día 8, mientras caminaba por el campo, fue acometido súbitamente por un deseo sumamente urgente de evacuar los intestinos; la materia expulsada era de color claro y bastante acuosa, y salió con gran fuerza, como si hubiera tomado un catártico potente. El día 9, otra deposición suelta, con ligero dolor. El día 10 continuó el estado diarreico y el 11 aún tenía malestar. Durante los últimos días se había sentido lánguido e indiferente. Los días 12 y 13 no tuvo deposición y sintió gran languidez y pérdida del apetito. Los días 14 y 15 las deposiciones fueron en parte estreñidas y en parte sueltas, y estuvieron acompañadas de ligero dolor abdominal. Le dijeron que parecía pálido y enfermo, y se sentía indispuesto, sin ninguna dolencia especial.
c. El 1.º de oct. de 1853, a las 5.30 a.m., tomó 1 dr. de la 1.ª dil. sobre lactosa, haciéndola pasar con agua. En unos pocos m., malestar en torno a la región umbilical y, al poco tiempo, ligero dolor en la parte anterior del muslo d., que desapareció pronto; también ligero dolor en la eminencia frontal izq. Ligeras náuseas y eructos vacíos durante la mañana, y dolor retorcido ocasional en la región umbilical. Tomó otra dosis por la n. y una tercera la m. siguiente, sin efecto digno de mención. Repitió lo mismo la n. del día 2 y la m. del 3. i ^ h. después de esta última, ligera plenitud y dolor en la parte superior de la frente y, en 2 h., ligero dolor lancinante en la amígdala izq. 3 p.m., ligera cefalea, abatimiento del ánimo, retortijones en la parte inferior de los intestinos con deseo de evacuarlos. Continuó con las mismas dosis hasta el día 7. En la m. del día 5, ligero dolor y plenitud
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en la parte superior de la frente y peculiar sensación astringente en la faringe; también sensación nerviosa en torno al corazón; y varias veces durante el d., obstrucción de la laringe y la tráquea por moco espeso y tenaz; frecuentes retortijones agudos en torno al ombligo. Después de la dosis de la m. del día 7, dolor bastante intenso y continuo en la región frontal izq., y ligeras náuseas.
d. 11–14 de nov. — Tomó 1 gr. de la 1.ª trit. por la n. y la m. Poco después de la 1.ª dosis, ligera sensación de pellizco en el estómago y ligero dolor en la frente. Después de la 2.ª, peculiar opresión en torno al corazón y ligero dolor en una amígdala; también dolor fulgurante que atravesaba la frente. Después de la 3.ª, ligero dolor espasmódico en el estómago y sensación de raspadura en la garganta; la m. siguiente, al despertar, dolores entre los hombros, que continuaron todo el d. Náuseas después de las últimas 3 dosis, con las mismas sensaciones en la garganta y el estómago, y ligera cefalea frontal. El dolor entre los hombros aumentó el día 14 y continuó hasta el 16; era peor al mover los brazos. Durante los últimos 2 d., la orina de la m. estaba densamente cargada de sedimento rojo, que se acumulaba como una nube en el fondo del recipiente y parecía mezclado con moco. Repitió la dosis la n. del 17 y la m. del 18. Después de la 1.ª dosis, retortijones en el estómago y, después de la 2.ª, reaparición del dolor entre los hombros. 7–21 de dic. — Tomó esta dosis cada m. Poco después de la 1.ª dosis, náuseas y dolor en el entrecejo, latido cardíaco audible y sensación de depresión. Durante el d., mientras estaba muy ocupado, su atención fue atraída por una intensa sensación de tirantez en la columna entre los hombros; duró alrededor de ^ h. y le causó mucho malestar. Durante todo el d., náuseas y depresión de la energía vital en grado inusual. 8.º. — Después de la dosis, mientras estaba caliente en la cama, varios accesos de tos, con una sensación peculiar en torno a las fauces y la laringe; ligeras náuseas. A partir de entonces, una ligera cefalea frontal fue un síntoma constante; durante 2 m., tos con sabor a sangre por la m. Espinilla grande y dolorosa en el entrecejo. Abundante descamación en la cabeza. Dolor como antes entre los hombros. (Brit. Journ. of Hom., xi, 593 and xii, 244.)
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a. G. E. Stewart, æt. dr. de la 1.ª dil., m. y e. En ^ h.
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Tomó el medicamento del 1 al 6 de oct. de 1853. Tras la 1.ª dosis sintió irritación en la laringe, como por inspirar un vapor acre, con calor y excoriación, que causaban ronquera y tos por cosquilleo; esto continuó hasta la 1 p.m. y volvió hacia las 4 durante algunas h. A las 10.30, sensación durante algún tiempo en un pequeño punto hacia el lado izq. del paladar, como cuando se ha masticado acónito; cabeza pesada, con estado mental embotado y confuso; bostezos frecuentes; estos últimos continuaron hasta X y, a las 4, volvió la cefalea, con entumecimiento de las manos y dolores calambroideos en la palma izq., además de dolores sordos cambiantes, sentidos especialmente en las articulaciones de los hombros. 2.º.— Después de retirarse la n. anterior, le molestó mucho un cólico flatulento; tanto entonces como esta m., durante 1 h. después de levantarse, dolor punzante, sordo y algo urente a lo largo del lado der. del pene, como si estuviera inmediatamente debajo de la piel. Boca seca esta m. al despertar. Tras la dosis de la m. aparecieron las mismas sensaciones en la laringe y la cabeza, pero menos intensas y duraderas; también, opresión en la parte superior del pecho; dolores como los de ayer, siendo intensos los de carácter tirante y lancinante en la articulación del codo izq.; ocasionalmente durante el d., puntadas transitorias en los hipocondrios y dolor sordo alrededor de los lomos; durante 1-2 h. después de comer, dolor angustioso en el hipocondrio izq. y los lomos, y flatulencia. Este dolor, en los lomos y el abdomen en general, reapareció durante alrededor de 1 h. después de acostarse. 3.º.— Síntomas laríngeos muy leves; cólico y flatulencia ocasionales, no tan intensos; una o dos veces, considerable inquietud en la parte superior del pecho, de corta duración. Después de la dosis de la e., dolor en la región lumbar izq., con puntadas ocasionales que se extendían por todo el abdomen y hacia la ingle der., aliviadas al inclinarse hacia delante; puntadas sordas en el lado der. de la cara durante algunos m., y lo mismo en la parte superior del pecho, los tobillos y el tercio inferior de los muslos (no en las rodillas); vértigo transitorio, seguido de dolor «aturdidor» en el lado der. de la cabeza. Se acostó con estos dolores en la cabeza, los lomos y el abdomen, pero despertó el día 4 libre de ellos. Después de la dosis de la m., casi inmediatamente, dolor irritante, excoriante y áspero en la tráquea, que aumentó rápidamente y resultó muy molesto, dando lugar a una tos frecuente, intensa y dura, que lo mareaba mucho y le causaba ruido en la cabeza y dolor en el pecho; ligera ronquera; intenso dolor sordo frontal, con sensaciones aturdidoras, no aumentado por la tos; dolor sordo en el hipocondrio y el lomo derechos. Estas sensaciones continuaron bastante intensas durante unas 2½ h.; luego disminuyeron gradualmente hasta la 1 p.m., cuando se sintió bien, salvo por embotamiento de la cabeza y dolores sordos ocasionales en el abdomen durante el d. Después del polvo de la e. (7 p.m.), volvió la irritación laríngea, pero con poca tos; dolores sordos, contractivos, en el pecho; escalofrío reptante sobre el pie y la pierna izq.; la ligera cefalea habitual; dolores calambroideos ocasionales en muslos, hombros y nuca; dolor con entumecimiento en las manos. De 9 a 12, pesadez y dolor sordo en los ojos, con congestión; después, dolor por cansancio, aunque no los había usado mucho; cefalea frontal intensa; sensación de calor y dolorimiento en los labios; prurito reptante de vez en cuando en diversas partes del cuerpo; dolor sordo en los lomos. 5.º.— Pocos síntomas, y leves, hoy, día mucho más cálido que cualquiera desde el comienzo de la patogenesia. 6.º.— Lo mismo, pese a la friolencia húmeda y penetrante del aire durante el d.; pero todos los síntomas reaparecieron con cierta intensidad en la e., con dolor lancinante momentáneo, pero muy violento, en el lado der., y dolor sordo en muchas articulaciones. 7.º.— Despertó con irritación laringotraqueal, que continuó durante 1 h. o más, con ronquera; mucha flatulencia; dolor sordo en los lomos.
b. Tomó la 3.ª dil. del mismo modo durante una semana de nov. Reaparecieron todos los síntomas anteriores, pero solo en grado leve; lo más marcado fue la irritabilidad de la laringe, especialmente al exponerse al aire frío. (Ibid., xii, 215.)
- a. M. C., mujer, æt. 38, realizó la patogenesia bajo la supervisión del Dr. Stewart y del mismo modo. Después de la 1.ª dosis, tomada 15 m. antes del desayuno, sintió náuseas originadas por una sensación en la boca de la garganta; las náuseas, con sensación desagradable alrededor del estómago, cefalea sobre los ojos, eructos acuosos y flatulencia, continuaron hasta el mediodía. P.m., comenzó a sentir de nuevo dolor en la garganta, así como cefalea intensa, pulsátil y frontal. En la e., dolor agudo en la región lumbar durante 2-3 h., piel caliente y dolor en un pequeño quiste que tiene en el cuello. 2.º.— Boca pegajosa por la m. y sabor horrible. Después de la dosis de la m., sensación en la boca de la garganta como si estuviera desollada; ardor en la cara en distintos momentos del d., con rubefacción; cefalea durante todo el d., aunque muy leve salvo por un breve período hacia las 3 p.m., cuando fue intensa y pulsátil. 3.º.— Ningún síntoma durante el d.; pero después del polvo de la e., intenso dolor roedor en la parte inferior de la espalda, peor después de acostarse y que la mantuvo despierta algún tiempo. 4.º.— Tomó la dosis a las 8.30 a.m. Poco después del desayuno, cefalea muy intensa, especialmente aguda sobre el ojo izq., durante 1 h.; excoriación en la garganta durante varias h.; bostezos frecuentes; dolor caliente detrás de los globos oculares; dolor lancinante que atravesaba desde la escápula izq. hasta la parte anterior del pecho. Después de la dosis de la e., reaparición de todos estos síntomas, con ardor en la cara, especialmente en el lado izq., y ligera rubefacción. Pensó en dejar de tomar el medicamento debido a la violencia de las cefaleas que le causaba. 5.º.— Despertó esta m. con cefalea muy intensa y gran ruido en los oídos, como si funcionara un molino dentro de la cabeza; ligero dolor en los lomos. A las 9.30, el dolor y el ruido casi habían desaparecido, y las dosis del día produjeron poco efecto. El día 6, sin embargo, después de la dosis de la m., la cefalea fue muy intensa y hubo una sensación desagradable en el estómago.
b. Del 1 al 6 de nov., M. C. tomó 1 dracma de la 3.ª dil. por la m. y la e. Aparte de una ligera cefalea el primer y el último d., no hubo efecto. Del 12 al 15 tomó 1 dracma de la 1.ª dil. (una nueva preparación) por la m. y la e. Durante estos d. reaparecieron algunos de los antiguos síntomas, pero comparativamente muy leves. Del 12 al 17 de dic. tomó 1 dracma de la 6.ª dil. del mismo modo, con efecto aún menor. (Ibid., p. 248.)
- a. El Dr. Craig comenzó el 12 de agosto a tomar diariamente 1 grano de la 2.ª trit. a las 7 y a las 11 a.m. Se observó poco efecto hasta el día 15, cuando presentó, a las 10 a.m., inquietud alrededor del corazón al caminar; a las 12, dolor sordo a la der. del esternón, inmediatamente detrás de la 3.ª costilla, que pasaba por debajo del esternón; el punto era doloroso al tacto; opresión transversal en la parte superior del pecho; a las 2, después de una caminata moderada, calor e inquietud en el lado izq. del pecho, con dolor sordo, sentido especialmente unas 2 pulgadas por debajo de la mitad de la clavícula izq. A las 6, dolor sordo y pesado sobre la mitad inferior del lado der. del pecho, con dolor punzante al inspirar profundamente, lo que provocaba una tos corta, pero sin agravación por el movimiento; en la cama no pudo acostarse ni por un momento sobre el lado der., pero el dolor y la respiración se aliviaban mucho al yacer sobre el lado afectado. Tomó una dosis de Bryonia 3. Día 16.— Pecho mucho mejor, pero no puede expandirlo sin considerable dolor punzante; matidez a la percusión claramente perceptible hasta la altura del pezón der. Al mediodía, pecho relativamente cómodo; tomó una dosis. 17.º.— A las 8 a.m., lado der. del pecho completamente libre de molestias; algo de dolor sordo en la parte anterior del lado izq. del pecho. Al mediodía, dolor sordo y punzante en el lado izq., mucho peor; parece más difuso y externo. A las 4, no puede montar y apenas puede caminar a causa del dolor; tiene que comprimir el lado izq. con la mano e inclinarse hacia ese lado; al intentar caminar deprisa, siente como si una costilla rota desgarrara el pulmón; al intentar respirar profundamente, horribles dolores lancinantes atraviesan el pecho en todas direcciones, con tos corta y jadeante, que también reaparece espontáneamente cada minuto. A las 8, escalofríos y calores parciales, y sensación general de enfermedad. A las 11, fiebre considerable con escalofríos parciales; lado izq. como antes; resp. 34, pulso 98; nuevamente solo puede yacer sobre el lado afectado. 18.º.— Durmió bien y se sintió mucho mejor por la m., aunque todavía había tos y dolor considerable en el lado izq. 19.º.— Pecho mucho mejor; puede respirar y toser sin gran molestia. 20.º.— Completamente bien.
b. Del 3 al 8 de oct. tomó 1 dracma de la 1.ª dil. una o dos veces al día. El día 7, a las 10 a.m., dolor sordo y lancinante bien definido en diversas zonas del lado izq. del pecho y ligero dolor punzante en el lado izq. de la faringe. A las 8 p.m., pecho mejor, pero garganta mucho peor. 8.º.— El lado izq. de la garganta está rojo, con dolor considerable al tragar. A las 8 p.m., garganta muy dolorosa; tomó una dosis de Belladonna. 9.º.— Amígdala izq. inflamada y dolorosa. No hay más registros. Del 7 al 18 de nov. tomó la misma preparación (nueva) del mismo modo. El día 7, a las 2 p.m., mientras escribía, ataque repentino de palpitación trémula en el corazón, con sensación ascendente hacia la garganta. El día 12, frialdad extrema de los pies, y el 13 lo mismo también en las manos; el 14, lo mismo en los pies, con dolor sordo en el vértex. El día 15, en la e., dolor sordo e inquietud alrededor del pecho, especialmente en el lado izq.; y el 16, en la e., lo mismo con calor. El 17, completamente libre de síntomas durante el d., pero volvió la inquietud alrededor del corazón en la e. 18.º.— Despertó con dolorimiento en el lado izq. de la garganta. A las 8 p.m., después de recorrer cierta distancia a caballo, dolor considerable en el corazón, que se extendía hacia atrás hasta la escápula izq., no afectado por la inspiración profunda; duró algunas h. y fue muy marcado. [Ibid., p. 221.)
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W. R—, æt. 27, tomó la 1.ª dil. en oct., la 3.ª en nov. y la 6.ª en dic. Al comenzar la patogenesia había tantas alteraciones en su salud y aparecieron tan pocos síntomas nuevos —salvo cierto catarro y una gingivitis que bien pudieron ser accidentales— que no es necesario presentar aquí el registro de sus experiencias. (Ibid., p. 223.)
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La Sra. R—, esposa del anterior, æt. 23, realizó la patogenesia con la 3.ª dil. del modo habitual durante nov. Amamantaba a un niño de 4-5 meses y, al mismo tiempo, tenía menstruaciones profusas, con mucha leucorrea durante los períodos; también era propensa a la congestión de la cabeza. Enfermó mientras tomaba el medicamento: estaba febril, sedienta, con diarrea (al igual que el niño) y cólicos, y sufría frecuentes accesos de náuseas; pero los síntomas detallados están tan mezclados con los de su estado previo, muy alejado de la salud, que no pueden exponerse aquí. (No gozó de muy buena salud después de tomar el medicamento, pero desapareció por completo la leucorrea que padecía anteriormente.) (Ibid., p. 246.)
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a. William Gillow, æt. 27, afectado de pitiriasis del cuero cabelludo, hemorroides y frecuentes ataques intensos de flatulencia; por lo demás, sano. Del 1 al 6 de oct. tomó por la m. y la e. 1 dracma de la 1.ª dil. 2.º.— Pasó una n. en vela (algo muy infrecuente y sin causa aparente); soñó vívidamente y despertó con mucha frecuencia, con la boca muy seca. 3.º.— Al acostarse, cefalea peculiar, con sensación sorda de constricción transversal en la frente y pesadez de los ojos; ligeras náuseas, boca seca y pies muy fríos, aunque había estado sentado en una habitación cálida. Esta m., después de la dosis, tuvo una ligera cefalea, con sequedad de boca y pies fríos. A las 7.30 p.m., deposición muy repentina y suelta, con retorno de los síntomas de la m. El día 4 no hubo síntomas, ni tampoco el 5 hasta después de la dosis de la e., cuando al acostarse sintió un peculiar estado morboso del cuerpo y de la mente; deseo sexual constante y violento, con poca potencia física. Pasó así la n. de la manera más penosa: se despertaba con frecuencia, con imágenes mentales vívidas y un estado de ánimo sumamente doloroso. [El núm. 8 señala una excitación inusual del instinto y de la potencia genitales, más o menos durante toda la patogenesia.—Eds.] Hubo emisiones involuntarias, seguidas de gran postración y angustia. Nunca había sentido antes estos síntomas del mismo modo. 6.º.— Se sintió postrado y desdichado de cuerpo y mente; embotamiento de la cabeza, intenso dolor sordo sobre los ojos y boca seca. Esto continuó, en mayor o menor grado, durante todo el d. En la e. se sintió mejor y, aunque la n. fue inquieta, continuó así hasta la e. del día 7, cuando aparecieron síntomas que culminaron en un fuerte resfriado.
b. Del 14 al 22 de nov. tomó la misma preparación, al principio por la m. y la e. y más tarde solo al mediodía. Se encontraba entonces en su estado habitual de salud. 15.º.— M., boca muy seca y cefalea sobre los ojos; las peculiares sensaciones opresivas y constrictivas cesaron después del desayuno. 16.º.— Lo mismo. 17.º.— Malestar peculiar en los órganos genitales, con gran depresión mental; deseo sexual mórbidamente intenso, pero sin potencia física. 18.º.— A las 2 h. de la dosis del mediodía, retorno de la boca seca y la cefalea. Hoy no hubo síntomas mentales. 19.º.— Una h. después de la dosis, ligera pesadez sobre los ojos, con sensación de constricción y sequedad de la garganta. 20.º.— La deposición de la m. venía siendo cada vez más escasa desde hacía algunos d., y hoy fue menor que nunca. 21.º y 22.º.— El mismo estreñimiento. No hubo más efectos. En dic. tomó varias dosis de la 1.ª, 2.ª y 3.ª trit. sin efecto. (Ibid.)
II. a. El Dr. Pope, de 23 años, tomó, del 1 al 7 de oct., 1 dr. de la 1.ª dil. m. y e. El día 2, ligero dolorimiento en ambas sienes durante 2—3 h.; y el 3, dolor semejante durante todo el d., y opresión en la laringe al meterse en cama. Volvió a sentirla al despertar a la m. siguiente, y continuó todo el d., con ligera cefalea. El 5, lo mismo, con tos y dolorimiento opresivo en las sienes. Los días 6 y 7 sintió opresión en la laringe inmediatamente después de la dosis de la e., y en la m. del 7 reapareció el dolorimiento en las sienes y a través de la frente.
b. Del 6 al 12 de nov., tomó lo mismo (preparación nueva). Día 8.—Dolorimiento intenso a través de la frente, especialmente sobre cada sien, y pesadez sobre los párpados. Opresión sobre el vértice. Depresión del ánimo, incapacidad para cualquier esfuerzo; todo parecía ir mal. El dolor disminuyó a medida que avanzaba el d., pero era agravado por el movimiento o por cualquier clase de esfuerzo. Día 9.—Dolor de cabeza de la misma índole, pero menos intenso; desaparecía inmediatamente con una cantidad muy pequeña de alcohol o tabaco. Día 10.—Después de la dosis de la m. apareció una cefalea semejante a la del día 8, que persistió durante 2 o 3 h. Día 11.—Ligera cefalea sobre el ojo derecho y en la sien derecha; mejor ánimo. Día 12.—Lo mismo.
c. Del 4 al 10 de dic., tomó 1 dr. de la 6.ª dil. m. y e. El día 6, ligera cefalea y gran inquietud; el 9, ligera cefalea y gran depresión del ánimo; el 10, dolorimiento en toda la cabeza y depresión del ánimo, que continuaron durante el d. siguiente sin tomar más medicamento.
[Lo que antecede es la revisión hecha por el Dr. Pope, a la luz de sus conocimientos actuales, del registro de su experimentación patogenética. A este añade las siguientes observaciones:—«Al revisar los síntomas anormales que siguieron a la toma del veneno de N., encuentro que los más persistentes y mejor marcados fueron una cefalea intensa, acompañada habitualmente de una intensa depresión del ánimo. La cefalea era muy intensa, a veces casi insoportable, y la melancolía igualmente angustiosa. La cefalea era más marcada y generalmente comenzaba en la región temporal derecha (ocupaba también la izquierda, aunque en menor grado), y afectaba el ojo del mismo lado. El dolor era profundo, intenso y continuo, ocasionalmente lancinante; gradualmente se extendía hasta producir una sensación de dolor sordo en la frente y el vértice, aunque siempre era más intenso en cada sien. El menor movimiento lo agravaba intensamente. Se aliviaba al salir al aire libre, aunque solo ligeramente; fumar proporcionaba un alivio más marcado, y las bebidas alcohólicas lo disipaban por completo. Este dolor se presentaba siempre que se tomaba el veneno, aunque fue más intenso los días 8 y 9 de nov. Como ya se ha señalado, iba acompañado de una gran depresión del ánimo. Esta melancolía era de una índole peculiar. Sentía que todo cuanto se hacía se hacía de manera equivocada y que no podía rectificarse. Si sentía que tenía algún deber que cumplir, experimentaba al mismo tiempo un fuerte impulso de no hacerlo y, en consecuencia, estaba sumamente inquieto. Estos síntomas mentales no se presentaron en absoluto durante oct.; fueron muy angustiosos mientras tomaba las dosis de nov. y, aunque estuvieron presentes, fueron mucho menos intensos en dic.». Prosigue diciendo que solo una vez había experimentado antes esta cefalea y esta depresión, a saber: cuando—unos 6—7 años antes—residía en la atmósfera debilitante de Torquay.] {Ibid., p. 234.)
OHN L.
26, tomó 1 dr. de la 1.ª dil. n. y m.
.ANDELL,
Oct. 2 — 8. — Tuvo coriza al comienzo de la patogenesia, y había padecido reumatismo de los hombros 6 semanas antes. Este último reapareció después del 1.er polvo. La cefalea frontal habitual de N. comenzó el día 3 y persistió durante todo el día 4. La tarde del 5 sintió náuseas, casi hasta llegar al vómito; se mostró irritable e inquieto; cefalea frontal, pulsaciones en las sienes y desagradable plenitud de la cabeza al estar acostado; sensación de cansancio y bostezos frecuentes. La mañana del 7, dolores desgarrantes en el abdomen durante 2 h.; aún cefalea, cansancio y bostezos; durante los últimos 3 días le han aparecido sabañones en los pies, muy dolorosos; no puede calzarse las botas; no los había tenido desde hacía 5 o 4 años.
h. Nov. 1 — 7, tomó noche y mañana 1 dr. de la 3.ª y, del 11 al 14, 1 dr. de la 1.ª dil. Desde el principio, ningún efecto salvo una ligera cefalea y dolores abdominales transitorios, aunque punzantes. El día 12, dolores lancinantes y punzantes de una sien a la otra; náuseas con dolor y latidos en el estómago, y sensación de postración; todo aliviado al aire libre. El día 15, los sabañones, que habían mejorado, empeoraron; con la cefalea habitual, había falta de memoria y postración. El día 17, se inflamó la encía del canino izq. y, frente a ella, apareció una úlcera en el labio inferior, que no desapareció hasta 12 días después de terminar el med. En dic. tomó la 6.ª dil. del mismo modo durante una semana, pero sin resultado. [Ibid., p. 241.)
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El Dr. Drysdale tomó la 1.ª dil. durante una semana en oct., sin resultado, y lo mismo puede decirse de su ensayo de la 3.ª dil. en nov. En dic. tomó la preparación fresca de la 1.ª dil., sin advertir alteración alguna de la salud, salvo que el día 6, mientras conducía, sintió una punzada súbita que le atravesó el lado izq. de la cabeza, de atrás hacia delante, y que duró solo uno o dos min. (Ibid., p. 243.)
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Se lo administraba a una señora muy inteligente, esposa de un médico, por una enfermedad orgánica del corazón. No obtuvo beneficio alguno de su uso, pero se quejó de que le había ocasionado un síntoma completamente nuevo para ella: un violento dolor espasmódico en la región del ovario izq. (HOLCOMBE, U. S. M. and S. Journ., i, 234.)
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Envenenamientos. — 1. Una mujer fue mordida por una cobra en la parte más estrecha de la pierna. La vi unas 10 h. después del accidente. Había perdido la audición y la sensibilidad, y la deglución estaba muy dificultada. Un estado de torpor y apatía invadía todo el organismo y había aumentado gradualmente desde el momento de la mordedura. Tomó tres píldoras de Tanjore a intervalos de 3 — 4 h. y, en unas 8 h., recuperó gradualmente la sensibilidad y la vista, y pudo tragar con mayor facilidad. Permaneció débil durante 8—10 días. (Patrick Russell, Brit. Journ. of Hom., xi, 84.)
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Un dubash fue mordido en un dedo del pie por una serpiente que, según su descripción, parecía ser una cobra. De la zona salieron unas pocas gotas de sangre y sintió dolor al instante. Cuando acudió a mí, aproximadamente ½ h. después, el dolor había ascendido hasta la articulación de la rodilla; le di una píldora de Tanjore. En otros 10 min., el dolor había llegado a la parte superior del muslo y se había vuelto mucho más intenso. Entonces le di otras dos píldoras y un poco de vino caliente, del cual solo retuvo una parte. El paciente se quejaba ahora de dolores intensos en el abdomen, que al examen parecían
tenso y muy hinchado. Al extenderse rápidamente al corazón una sensación de opresión y hacerse la respiración sumamente dificultosa, se intentó inducirlo a tomar otras dos píldoras; pero, como la deglución estaba impedida, solo una parte de ellas llegó al estómago y fue expulsada inmediatamente. Desde ese momento, el estrechamiento del esófago aumentó tanto que no se podía hacer pasar nada por la garganta; echaba espuma por la boca; sus ojos permanecían abiertos, con la mirada fija; el pulso y la respiración se hicieron apenas perceptibles y, en suma, todo movimiento vital parecía haberse detenido. Entonces le apliqué espíritu de cuerno de ciervo en la boca y las fosas nasales, lo cual, al cabo de pocos min., provocó un fuerte estornudo; inmediatamente comenzó a respirar y pronto pronunció la palabra «mejor». Cuando se hubo recuperado un poco, me dijo que sentía el dolor descender en sentido retrógrado por el mismo trayecto por el que había ascendido, y expresó un intenso deseo de dormir. Durmió durante 1 h. y, al despertar, vomitó copiosamente. Había recobrado ya los sentidos y dijo que solo sentía un leve dolor en el pie, que finalmente descendió hasta el dedo del pie. En el transcurso de 2 h. pudo volver caminando a su casa, pero no se repuso de la fatiga hasta pasados varios d. (Ibid.)
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Un cipayo fue mordido en el tobillo por una serpiente grande, que se creía era una cobra, y fue llevado a casa del capitán Gander dentro de la ½ h. siguiente. Tenía los maxilares trabados, los ojos fijos y le quedaban muy pocos signos de vida; se veían cuatro grandes perforaciones en el tobillo y, al aplicarles eau de luce, el hombre dio muestras de sensibilidad encogiendo la pierna. Durante ½ h. se le hicieron pasar por la garganta dos botellas de vino calentado, abriéndole los maxilares a la fuerza para introducir un embudo; y el amoníaco se aplicó constantemente durante 3 h. El paciente carecía entonces por completo de toda sensibilidad; y, de no haber sido por una leve elevación del pecho cada 2 o 3 h., se le habría considerado muerto. Permaneció 40 h. en este estado de torpor y entonces comenzó a mostrar signos de que la vida retornaba. Pasaron otras 12 h. antes de que recobrara el habla, y permaneció muchos días en un estado de gran languidez. (Ibid.)
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Un cazador de serpientes fue mordido por una cobra en la parte carnosa situada entre el pulgar y el índice. Sintió inmediatamente un dolor punzante en la parte mordida, que pronto se extendió por la palma y ascendió por el brazo. Sintió también náuseas, pero no vomitó. En menos de 1 h., la mano y la muñeca estaban considerablemente hinchadas, el dolor se había extendido acercándose al hombro y percibía confusión en la cabeza y una fuerte propensión a dormitar. Desde ese momento, durante varias h., él mismo no tuvo conciencia de lo ocurrido; pero quienes lo rodeaban dijeron que por momentos mostraba gran inquietud sin formular ninguna queja concreta; otras veces yacía gimiendo y dormitando. Hacia la medianoche se observaron sacudidas en torno a la garganta; su respiración se hizo dificultosa, no podía hablar articuladamente y parecía no percibir los objetos aunque tenía los ojos abiertos. Le habían aplicado al brazo una cataplasma de hierbas y administrado internamente un antídoto secreto; pero, al comprobar que empeoraba cada vez más, mandaron llamar al Dr. R —. Este no vio al paciente hasta la mañana siguiente, cuando encontró la mano y el brazo monstruosamente hinchados, pero los sentidos perfectamente recobrados (habían vuelto hacia las 2 a. m.); el hombre solo se quejaba de confusión de cabeza, languidez y dolor en el brazo. Las partes próximas a las perforaciones se gangrenaron. La gangrena se extendió por el dorso y la palma de la mano y por parte de la muñeca, dejando los tendones al descubierto y formando una úlcera de
VOL. Ul. il
de extensión considerable, que, sin embargo, cicatrizó favorablemente con el tratamiento habitual. Recobró la salud en 8—10 d. (Ibid.)
- E.H.G—, act. 31, encargado del reptilario de los Jardines Zoológicos, acudió una mañana a su puesto algo ebrio. A las 8.10 a. m., mientras jugaba con una cobra, esta se lanzó contra él y le produjo una herida en la parte superior de la nariz. Al cabo de 20 min. —sin haber presentado previamente ningún síntoma salvo agitación por lo que había sucedido— comenzó a tambalearse al caminar y a hablar de manera ininteligible; al mismo tiempo se observaron movimientos aparentemente convulsivos de la boca y las extremidades. No se quejó de dolor ni de ninguna otra sensación. Fue llevado al hospital y, durante el traslado, se observó que empeoraba con gran rapidez. Cuando lo examinaron los médicos (8.45), gemía, se agarraba la garganta con cierta vehemencia, movía la cabeza de un lado a otro y agitaba los brazos y las piernas de manera intranquila e inquieta, sin que estos movimientos parecieran convulsivos. Cuando le preguntaron en voz fuerte si sentía dolor, no respondió ni dio muestra alguna de haber oído o comprendido la pregunta. Era incapaz de mantenerse sentado por sí mismo. El rostro estaba, en general, ligeramente lívido; los ojos, fijos; las pupilas reaccionaban con lentitud a la luz. La piel tenía temperatura y humedad normales; pulso 120, de ritmo regular, pero de fuerza desigual, aunque la mayoría de las pulsaciones eran bastante llenas y fuertes. En la parte superior de la nariz había varias pequeñas heridas punzantes, de una o más de las cuales había manado una pequeña cantidad de sangre. Los párpados izq., especialmente el superior, estaban hinchados y lívidos; la lividez se extendía al lado der. de la nariz, pero no al izq. No parecía haber tumefacción de la lengua.
h. Estas observaciones se hicieron rápidamente mientras el paciente yacía en un diván de la sala de urgencias. Fue trasladado inmediatamente a la sala, desvestido y acostado. En el intervalo transcurrido entre el momento en que fue visto por primera vez y aquel en que quedó acostado, que con seguridad no excedió de 5 m., presencié un cambio importante en sus síntomas. Justo antes de levantarlo para acostarlo, la respiración era de 20 por m., muy superficial, sin estertor y sin sonido alguno que indicase obstrucción. Para entonces habían cesado por completo los movimientos de las extremidades, la lividez de la cara había aumentado de manera muy marcada, se había producido sudor abundante por toda la superficie corporal y el pulso continuaba siendo bastante bueno. Como era evidente que el hombre moría rápidamente por insuficiencia respiratoria, se hicieron de inmediato los preparativos para la respiración artificial. Antes de comenzarla había cesado la respiración natural y el pulso era de solo 32, notablemente irregular tanto en ritmo como en fuerza; algunos latidos eran extraordinariamente llenos y saltón. Tras mantener la respiración artificial durante 1 m., el pulso era de 70 y menos irregular. Se perseveró con ella durante 50 m. El pulso conservó fuerza y volumen aceptables, aunque mantuvo sus caracteres de irregularidad y desigualdad. En dos ocasiones fue de 104 y, en una, de 72. En ningún momento hubo indicio alguno de recuperación de la respiración natural; sin embargo, durante todo el tiempo, hasta ¼ h. antes de que cesara el pulso, se percibió una contracción clónica de los esternocleidomastoideos, de ritmo muy irregular. A las 9.40 cesó el pulso y se suspendió la respiración artificial. La piel había permanecido húmeda y, en su mayor parte, caliente hasta cerca del final. Continuó la lividez de la cara, pero ninguna otra parte estaba descolorida ni hinchada.
r. P. M. (30 h. después). — Desde entonces había seguido rezumando líquido hemorrágico de la herida más alta y mayor de la nariz, mientras las demás estaban cerradas por coágulos; de la boca y las narinas había salido una cantidad considerable de sangre espumosa. Había coloración lívida de las partes declives, tanto externamente como en los pulmones, cuya cara posterior estaba ingurgitada y casi negra. Los conductos aéreos estaban llenos en toda su extensión de líquido negro y espumoso, semejante al que exudaban los pulmones al cortarlos; su membrana de revestimiento, incluida la de la porción inferior de la tráquea, estaba teñida de un color semejante. Corazón sano; lado izq. contraído y vacío; der. lleno de sangre líquida oscura, en la que había un pequeño coágulo muy laxo. Conducto alimentario sano, salvo que el estómago presentaba placas pálidas alternantes con placas rojas; estas últimas estaban formadas por la agrupación de diminutos puntos rojos (? alcohol). Hígado y riñones oscuros, pero por lo demás normales; bazo enormemente congestionado, casi negro, de sustancia muy blanda, que al corte exudaba sangre muy oscura. En el cerebro y la médula espinal apenas había nada anormal. Durante la disección se observó que el cadáver exhalaba un peculiar olor agrio. (Lancet, 1852, ii, 327.)
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Una mujer, mordida por una cobra, fue hallada sentada en el suelo, padeciendo una sucesión de accesos sincopales. Había tenido 8 antes de mi llegada, 2 h. después de la mordedura, cuyas marcas se veían en el tobillo. Mientras estaba con ella se presentó otro síncope; cayó hacia delante desde la posición sentada, inconsciente. Después de algún tiempo, entre jadeos convulsivos, recobró el conocimiento. Tomó un antídoto indígena y solo tuvo otro acceso, 2 h. después del anterior. (Fayrer, Ed. Med. Journ., 1869, p. 425.)
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El Sr. F. Buckland había desollado una rata muerta por la mordedura de una cobra. «No había caminado cien yardas —escribe— cuando, de pronto, sentí exactamente como si alguien se hubiese acercado por detrás y me hubiera asestado un golpe intenso en la cabeza y el cuello; al mismo tiempo, presenté un dolor sumamente agudo y una sensación de opresión en el pecho, como si me hubiesen introducido un hierro candente y colocado encima un quintal británico. Por lo que había leído, supe inmediatamente que estaba envenenado; así se lo dije a mi amigo, un caballero muy inteligente que casualmente me acompañaba, y le indiqué que, si caía, me diera brandy y eau de luce; él repetía estas palabras para no olvidarlas. Al mismo tiempo, le ordené que me mantuviese en movimiento y que por ningún motivo me permitiera acostarme. Después olvidé todo durante varios minutos, y mi amigo me dice que me tambaleaba como si estuviese muy desfallecido y débil. También me informa de que lo primero que hice fue caer contra él y preguntarle si tenía mal aspecto. Respondió con gran prudencia: “No, tiene usted muy buen aspecto”. No creo que lo pensara, pues su propia cara estaba blanca como la de un fantasma. Esto sí lo recuerdo. Me dice que mi cara tenía un color amarillo verdoso. Después de caminar, o más bien de avanzar tambaleándome, durante algunos minutos, recobré gradualmente los sentidos y puse rumbo a la farmacia más cercana. Entré precipitadamente y pedí eau de luce. Naturalmente, no tenían, pero vi en una botella las palabras Spt. Am. Co., o espíritu de asta de ciervo. Yo mismo bajé la botella y, vertiendo una gran cantidad en un vaso con un poco de agua —ambas cosas se encontraban en un mostrador de agua de soda de la tienda—, me lo bebí, aunque me quemó mucho la boca y los labios. Inmediatamente sentí alivio del dolor del pecho y el cuello. El farmacéutico se quedó estupefacto y, cuando le expliqué lo que ocurría, me recomendó un baño caliente. Si entonces hubiese seguido su consejo, estas palabras jamás habrían quedado consignadas. Después de tomar una segunda dosis de la botella de espíritu de asta de ciervo, proseguí mi camino, sintiéndome muy embotado y confuso. Al llegar a la residencia cercana de mi amigo, este tuvo la amabilidad de procurarme una botella de brandy, del cual bebí cuatro copas grandes de vino, una tras otra, sin sentir después la menor embriaguez. Como me encontraba casi bien, emprendí el camino de regreso a casa y entonces percibí por primera vez un dolor sumamente agudo debajo de la uña del pulgar izquierdo; este dolor ascendía también por el brazo. Me puse a succionar la herida y entonces descubrí cómo había penetrado el veneno en el organismo. Cerca de una hora antes de examinar la rata muerta, me había limpiado la uña con una navaja y la había separado ligeramente de la piel subyacente. El veneno había penetrado en esta pequeña hendidura mientras raspaba la piel de la rata para examinar la herida. ¡Cuán virulento debe de ser, por tanto, el veneno de la cobra! Ya había circulado por el cuerpo de la rata, del cual lo absorbí de segunda mano». (Curiosities of Natural History, 2nd ed., p. 225.)
III. Experimentos en animales. — 1. Junio de 1787: un perro, mordido en la cara interna del muslo por una especie de N., aulló al principio como si sintiese mucho dolor. Después de 2 o 3 m. se echó y continuó gimiendo y aullando a intervalos. Después de 20 m. se levantó, pero se mantenía en pie con dificultad y era incapaz de caminar; todo su organismo parecía profundamente alterado. Pronto volvió a echarse y, pocos minutos después, fue acometido por convulsiones, durante las cuales murió, 27 m. después de la mordedura. (P. Russell, op. cit.)
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En julio, un perro grande y muy robusto fue mordido de manera semejante. Al cabo de 1 o 2 m. retrajo el muslo, lo que suele ser el primer síntoma de que el veneno ha comenzado a actuar. Sin embargo, continuó caminando sobre tres patas durante casi 1 h., sin parecer afectado de ningún otro modo; luego se tendió, mostró gran inquietud, pero no aulló; evacuó una vez. Aproximadamente entonces presentó un grado extraordinario de convulsión en la cabeza y la garganta e hizo varios esfuerzos vanos por levantarse, pues ambas patas traseras estaban ya paralizadas. Permaneció en este estado más de 1 h. y después murió, 2 h. después de la mordedura. (En otros 3 casos se obtuvieron resultados semejantes.)
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Se hizo que una cobra de capello mordiera a un perro muy grande y robusto. Al principio el perro se quejó a grandes voces, aunque el muslo no se retrajo ni apareció síntoma alguno de envenenamiento durante ½ h. Aproximadamente entonces se soltó, fue perseguido y, tras una cacería de 1½ h., fue traído de regreso, extremadamente acalorado y fatigado. Después de descansar ½ h. se le ofreció agua, pero no quiso beber, aunque comió algunos trozos de pan arrojados al agua. Cerca de ½ h. después de comer el pan empezó a sentirse enfermo, vomitó y comenzó a aullar y a mostrar mucha inquietud. Después de 10 m. vomitó por segunda vez y se volvió extremadamente furioso; luchaba por soltarse, mordía desesperadamente la estaca a la que estaba atado y aullaba sin cesar. Luego se echó y presentó gran agitación en el vientre y el estómago; los músculos de la cara también estaban convulsionados. Al obligarlo a levantarse, caminó sin impedimento grave de las patas traseras. Al final de la 3.ª h. seguía extremadamente feroz, por lo que fue necesario atarle las patas. Desde entonces sus aullidos y forcejeos se debilitaron gradualmente, mientras aumentaban los movimientos convulsivos de la cara. Permaneció en este estado cerca de 1 h. más y
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luego murió. La parte mordida estaba negra alrededor, en un área del tamaño de una moneda de media corona.
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Se inyectó lentamente en la vena facial de un conejo grande una solución de 1 grano de veneno en 1 dracma de aceite de oliva. La operación no duró más de 1 m. y, antes de completarse, el animal estaba completamente muerto. En la disección se comprobó que el aceite había atravesado libremente los pulmones, pues se encontró en el hígado y en los vasos abdominales; por tanto, no es probable que la muerte hubiese sido causada únicamente por la presión del aceite en el corazón. Todas las cavidades cardíacas estaban distendidas por sangre oscura, como si el corazón hubiese quedado completamente paralizado. (R. Russell, Brit. Journ. of Hom., xi, 592.)
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A un cobayo se le inyectó en la cavidad peritoneal una solución de ¼ de grano de veneno de cobra en 10 dracmas de agua destilada, a la 1.56 p. m. 2.00, torpe; no presenta sacudidas como otro al que se administró de manera semejante una dosis de veneno de Crotalus. (Véase Crotalus, iii, 6.) 2.04, se sobresaltó y chilló ligeramente, como si sintiera dolor. 2.05, ligeras sacudidas generalizadas. Comienzan la parálisis y la ataxia; arrastra las patas con dificultad. 2.09, sacudidas bruscas de la cabeza y el cuello. 2.12, se desploma sobre el vientre; cabeza caída hacia un lado, se arrastra con dificultad; está muy débil, casi paralizado. Los ojos (es albino) tienen una expresión pesada y apagada; han perdido su color rosado brillante. 2.14, convulsiones. 2.15, cesó la acción refleja; aparentemente muerto, pero todavía puede sentirse latir el corazón; sacudidas convulsivas ocasionales de los labios inferiores. 2.17, han cesado todos los movimientos, incluidos los del corazón, salvo ligeras contracciones trémulas de las aurículas. 2.20, los electrodos aplicados a la médula mostraron que esta y sus nervios estaban paralizados; los músculos se contraían libremente ante el estímulo directo de la corriente. Corazón distendido de sangre, que, una vez extraída, formó rápidamente un coágulo firme. Intestinos, peritoneo y tejido areolar subperitoneal congestionados y equimóticos; derrame sanguinolento en el peritoneo, aunque no tan marcado como en el envenenamiento por Crotalus. La acción peristáltica de los intestinos cesó rápidamente. (Brunton and Fayrer, Report on Sanitary Measures in India, 1873–4.)
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Se inyectó la misma dosis en la vena yugular de un conejo grande a las 2.55 p. m. El conejo entró inmediatamente en convulsiones violentas y aparentemente estaba muerto antes de que pudiera retirárselo de la tabla (1 m.). Se expuso de inmediato la médula, habiéndose iniciado también la respiración artificial; los electrodos aplicados con una corriente intensa no provocaron reacción alguna: la médula estaba completamente paralizada. Se examinó el tórax a las 2.59. El corazón había cesado de actuar; ventrículos moderadamente contraídos, aurículas distendidas de sangre. El frénico no dio respuesta al ser irritado; el diafragma, excitado directamente por la corriente, se contraía muy débilmente, pero los músculos vecinos lo hacían con vigor. La acción peristáltica continuaba; los electrodos aplicados al vago parecían acelerarla y los aplicados al esplácnico, disminuirla. 3.07, los ventrículos se han contraído ahora firmemente. 3.15, la sangre extraída del corazón y de los grandes vasos se ha coagulado, pero no firmemente; el coágulo es pequeño y el suero muy rojo; al microscopio, la sangre no muestra agregación en pilas de monedas ni crenación de los corpúsculos. (Ibid.)
Volumen IV — Apéndice
NAJA. (Véase vol. iii, p. 348.)
fl. 8. Un hindú, de 40 años, fue mordido en el hombro der. desnudo por una cobra grande a las 12.30 a. m. Al examinarlo 5 min. más tarde, se encontraron sobre el deltoides dos pequeñas punciones, de cada una de las cuales había rezumado una gota de líquido seroso claro mezclado con sangre. Se quejaba de dolor urente, de intensidad rápidamente creciente, en una zona alrededor de las mordeduras del tamaño aproximado de un platillo. A las 12.45 sintió un dolor lancinante hacia la garganta y el pecho; pero estaba tranquilo y sereno. Las pupilas estaban dilatadas, pero reaccionaban a la luz; el pulso era normal y no había dificultad respiratoria. Cinco min.
más tarde comenzó a perder el control de los músculos de las piernas y se tambaleaba cuando quedaba sin apoyo. Hacia la 1, habiendo aumentado la parálisis de las piernas, la mandíbula inferior comenzó a caer y empezó a rezumar de la boca saliva espumosa y viscosa. También hablaba de manera indistinta, como un hombre bajo la influencia del alcohol. A la 1.10 comenzó a gemir y a sacudir frecuentemente la cabeza de un lado a otro. El pulso estaba ahora algo acelerado, pero era regular; la resp. también se había acelerado. Era incapaz de responder a las preguntas, pero parecía estar plenamente consciente. Sus brazos no parecían estar paralizados. Hasta entonces se le habían administrado pequeñas cantidades de brandy y agua; pero entonces se inyectaron 25 mínimos de liquor ammoniae bajo la piel del antebrazo y, después, la misma dosis en la vena basílica. No se produjo mejoría; continuó gimiendo y sacudiendo la cabeza de un lado a otro, como si tratara de expulsar el moco viscoso de la garganta. La resp. era penosa, pero no estertorosa. Se inyectaron entonces otros 25 mínimos en la vena yugular, pero sin beneficio; la respiración se hizo gradualmente cada vez más lenta y finalmente cesó a la 1.44, mientras el corazón siguió latiendo 1 min. más. No hubo convulsiones antes de la muerte. (Hilson, Indian Med. Gazette, oct., 1873.)